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‎1 Heshvan 5778 | ‎20/10/2017

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“Cara de queso (Mi primer gueto)” (2006), de Ariel Winograd (Argentina-España)

FILMOTECA, CON DANIELA ROSENFELD – Intérpretes: Mercedes Morán, Daniel Hendler, María Vaner, Juan Manuel Tenuta, Sebastián Montagna, Susú Pecoraro, Federico Luppi, Silvia Pérez.

Una urbanización de verano (country) en los años 90 en una localidad cercana a Buenos Aires y habitada únicamente por familias judías es el escenario de esta película en la que Ariel Winograd utiliza sus experiencias adolescentes para trasladarlas con humor y simpatía a la gran pantalla.
En este barrio de casas elegantes, los niños pasan el verano entre juegos, peleas y algunos escarceos amorosos, mientras que los adultos se entretienen entre cotilleos, alguna envidia y cierto hastío. El espectador mira con los ojos del director, pero a sus 13 años, cómo Ariel es testigo de una pelea en la que un chico ataca y humilla a uno de sus amigos en un baño. Pero el country es una comunidad “feliz” que preferiría olvidar el conflicto. Sin embargo el azar, la culpa y, finalmente la convicción hacen que Ariel declare en un juicio interno ante padres y autoridades en el que el culpable podría ser castigado con severidad. Él y sus amigos, todos en esa edad torpe y complicada en la que uno ya no es niño pero tampoco es hombre, comienzan a entrever las complejidades del mundo.
A partir de este episodio, Ariel descubrirá, a través de sus propias vivencias y las de otros miembros de su familia y de su entorno, muchas cosas del mundo de los adultos: el sexo, el amor, la religión y la justicia, temas que rondan su cabeza en tanto asume su propia identidad bajo el desagradable apodo de Cara de Queso.

Esta es una película coral, cada uno de sus protagonistas deja que surjan sus afectos, sus ilusiones y sus infelicidades en medio de ese micromundo en el que todos y cada uno buscan la tranquilidad y sosiego del verano.
El realizador, que sin ninguna duda conoce muy íntimamente ese ambiente, aporta un guion en el que las historias se entrecruzan en torno a Ariel, siempre dispuesto a buscar la cordialidad entre su grupo de amigos que, entre burlas y perdones, finalmente conseguirán algo muy parecido a la amistad. Con esta ópera prima, Winograd transita la simplicidad y une hábilmente los entramados de esas familias que, con sus ancestrales costumbres, se ven envueltas en los mitos clásicos del judaísmo, proponiendo una mirada crítica pero amable sobre el escenario que describe.
Los actores aportan un excelente trabajo coral a esta comedia iniciática y llena de nostalgia.