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‎12 Heshvan 5779 | ‎21/10/2018

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La modernidad en Ashkenaz (9ª parte): la Ilustración y los orígenes de la Haskalá

La modernidad en Ashkenaz (9ª parte): la Ilustración y los orígenes de la Haskalá

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – La historia de los judíos a fines del siglo XVII está por llegar a un punto de inflexión en el que cambiará de un modo radical y para siempre. También la sociedad europea comenzará lentamente un nuevo proceso histórico que la conducirá a ella y a parte de sus dominios coloniales, especialmente América, a una serie de revoluciones y guerras que cambiarán la política, la economía, el arte y llevarán inexorablemente al surgimiento del liberalismo. La Ilustración nació como una nueva corriente de pensamiento, en el siglo XVIII, llamado el Siglo de las Luces. A los pensadores que nutrieron esta nueva filosofía se les llamó también “iluministas” porque creían que con la luz de sus obras iban a despejar las tinieblas y a iluminar tantos siglos de oscurecimiento en la Edad Media generados por las ideas de la Iglesia. Enfrentaron al pensamiento tradicional (medieval) en el que todo era obra de Dios y los hombres tenían ya un futuro que estaba predestinado en la tierra e irremediablemente ligado a un plan divino. Ellos, por el contrario, tenían fe en el progreso individual, que se conseguía sólo por el esfuerzo personal de cada individuo; es decir que el hombre, mediante su propia capacidad, podía llegar a modificar su destino. Uno de los precursores de esta nueva manera de reflexionar sobre el destino humano fue René Descartes, quien decidió prescindir de todo el pensamiento de carácter teológico que le había sido impartido cuando formuló la premisa “Pienso, luego existo”, poniendo en cuestión todas las creencias y saberes impuestos por el cristianismo a lo largo de toda la Edad Media. Escribió el “Discurso del Método”, donde estableció que la utilización de la duda de modo sistemático, el método racional y la experimentación permitían llegar a la verdad de la ciencia. A pesar de ser un racionalista convencido, Descartes era un hombre precavido: se refugió en la corte de la Reina Cristina de Suecia. Las acciones de la Inquisición del catolicismo y la caza de brujas a las que se dedicaban los protestantes eran muy peligrosas para quienes se atrevieran a desafiar las convicciones religiosas establecidas desde el nacimiento del cristianismo.
La Ilustración fue una corriente filosófica que nació en Francia, sin embargo también abrevó en otras fuentes. Uno de sus principales pensadores, Montesquieu, se inspiró en la Escuela Escocesa, y en uno de sus principales teóricos, Adam Smith, el escritor de “La Riqueza de las Naciones”, otros dicen que fue al revés. Toda una serie de creencias serían cuestionadas, más allá de las religiosas, y lentamente, además del desarrollo de las ciencias y la experimentación, el liberalismo llegaría a establecer la convicción de que cada hombre es el dueño de su propio destino y que sólo el cielo es el límite. Comienzan a ser cuestionados la monarquía como poder devenido del Mandato Divino y los privilegios de los que gozaba, estamentos ambos sostenidos por la Iglesia, que representaban un obstáculo para las ambiciones y proyectos de desarrollo por parte de la burguesía. La educación será uno de los propósitos básicos promovidos por el Iluminismo. Éste es un tema profundo y extenso y no es nuestro propósito extendernos más allá de lo necesario para poder explicar las consecuencias que tuvieron estas nuevas ideas en la existencia de los judíos y su condición, como sería la formulada por Locke y muchos otros. Porque nos interesa conocer la influencia que esta nueva corriente ejerció sobre los judíos dando lugar a la Haskalá, la Ilustración o el Iluminismo judío, cuya influencia dio lugar a un fraccionamiento o numerosas divisiones dentro del judaísmo que todavía siguen existiendo. Y esta historia continuó…