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‎16 Adar II 5779 | ‎22/03/2019

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“Nueve reinas” (2000), de Fabián Bielinsky (Argentina)

FILMOTECA, CON DANIELA ROSENFELD – Guión: Fabián Bielinsky. Reparto: Ricardo Darín (Marcos), Gastón Pauls (Juan), Graciela Tenembaum (empleada), María Mercedes Villagra (empleada), Gabriel Correa (encargado), Pochi Ducasse (tía), Luis Armesto (mozo bar), Ernesto Arias (encargado bar), Amancay Espíndola (mujer ascensor), Isaac Fajm (kiosquero), Jorge Noya (Aníbal), Leticia Brédice (Valeria), Óscar Núñez (Sandler). Música: César Lerner.

Buenos Aires, año 2000. Dos tipos que trabajan en la calle se conocen en una gasolinera, cuando el más joven intenta engañar con el vuelto a la cajera, el otro interviene para detenerlo y “llevarlo a la policía”. Ya fuera del local, Marcos se presenta: no es policía, lo sacó del apuro porque sintió lástima por el aprendiz y quiere proponerle trabajar juntos. Juan le da vueltas al asunto y al final acepta ser “socio” de Marcos por un día, para aprender del experto y ganar el dinero que necesita para ayudar a su padre que está preso. Socios ocasionales, Marcos y Juan recorren las calles porteñas realizando algunos trabajitos clásicos de los timadores de poca monta. Una llamada de la hermana de Marcos, empleada de un lujoso hotel internacional, les presenta de pronto un negocio que puede significar un salto inesperado y un golpe para hacerse con mucho dinero de manera sencilla: un ex socio de Marcos (un viejo falsificador judío) se descompone en el hotel y no puede cerrar la venta de unos sellos a un coleccionista español que está a punto de abandonar el país. Marcos ve clara la situación: Sandler –a quien había estafado previamente- lo mandó llamar porque no tiene a nadie más. No sabe cuánto dinero hay de por medio, pero sabe que el asunto es grande y que él sólo va a repartir las migajas necesarias para que funcione. Desde entonces, las nueve reinas, ese sello valiosísimo de la república de Weimar, se transforma en el eje de la trama y en la obsesión de los protagonistas: una lámina falsificada que los puede convertir en millonarios de la noche a la mañana y con sólo un par de operaciones en la que no arriesgan nada. La cosa se complica, ya que la copia falsa se estropea y necesitan recurrir al original, que está en poder de una hermana de Sandler, que le ha puesto un alto precio. Marcos y Juan deben invertir capital propio para completar la jugada, arriesgarlo todo para comprar los sellos y revendérselos al “gallego”, que debe volver al día siguiente a España, por lo que no tendrá tiempo de verificar su autenticidad.

”Nueve Reinas” es la ópera prima de Fabián Bielinsky (Buenos Aires, 1957 – Sao Paulo, 2006), ganador por mejor guión del concurso Nuevos Talentos Cinematográficos 1998, organizado por empresas como Patagonik Film Group y Kodak Argentina, que produjeron enteramente el film. Ha recibido el Cóndor de Plata de la Asociación Argentina de Críticos. Ha ganado premios en varios festivales: en Biarritz, en Bogotá y en el de Lleida. Fue nominado en el Festival Internacional de Los Ángeles. Y en su estreno en España, se ha mantenido durante meses en cartel.
La película, vertebrada por un robusto guión escrito de su propio él mismo, es un filme inteligente y de gran calidad, tanto a nivel técnico como artístico. Una historia compacta y entretenida narrada a un ritmo que no decae. La mejor baza de este film la constituyen las interpretaciones de un completo reparto en el que tanto los personajes principales como los secundarios se hallan a la altura. Soberbia la actuación de Ricardo Darín (Marcos), que con su fuerza y maestría casi consigue eclipsar al resto de sus compañeros. Darín y Pauls (Juan) forman una atractiva pareja de maestro-aprendiz que desprende mucha química. El uso de la cámara, los escenarios escogidos, los giros coloquiales, son otros de los acertados recursos que emplea Bielinsky para mostrarnos que la corrupción no es sólo cosa de unos pocos aprovechados, sino que también se encuentra a nivel nacional.
El espectador es un testigo más dentro del relato, no fuera. El director no le revela nada, no le deja espiar el guión. Es más, lo engaña. Le oculta con una cierta trampa lo que está sucediendo. No solamente el fraude es la temática del relato, también se da “frente a cámara”, en el modo de narrar. En lo que se cuenta y en cómo se lo cuenta. Porque algunos personajes disimulan su pertenencia y sus relaciones frente al mismo espectador. Lo quieren engañar a él también. El destino del espectador estará ligado al de uno de los protagonistas. Una vez terminado todo el asunto, queda pensar quién lo planeó todo. Parecería ser evidente, aunque siempre cabe la sorpresa.