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‎27 Tishri 5778 | ‎17/10/2017

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Sefarad: exilio y clandestinidad (12ª parte): Gracia Mendes (Nasí): la Señora (I)

Sefarad: exilio y clandestinidad (12ª parte): Gracia Mendes (Nasí): la Señora (I)

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – Gracia Mendes (luego Nasí) y su hija partieron de Italia en agosto de 1552, acompañadas de una gran comitiva. Llegaron en la primavera siguiente a Constantinopla. Gracia Nasí había logrado transferir una parte muy importante de la enorme fortuna de la familia a la capital otomana. Allí se estableció en el barrio de Gálata. Continuaba profundamente comprometida con la vida judía y rápidamente asumió un papel de liderazgo en el mundo sefardí del Imperio Otomano, dedicada a la caridad, ayudando a los fugitivos de la Península Ibérica, tratando de aliviar a los judíos en cautiverio y a los que se hallaban en peligro en diferentes zonas. Sostenía académicos de estudios rabínicos, hospitales y sinagogas en todo el Imperio Otomano. Creó una yeshivá y una sinagoga en la capital otomana, la “Academia de la Gueveret” y la “sinagoga de la Señora”, respectivamente. En 1559, dado que la afluencia de los ex conversos continuaba, apoyó la fundación de una nueva sinagoga.
En Constantinopla, Gracia Nasi continuó dirigiendo las actividades mercantiles internaciones de la familia, con agentes que actuaban en su nombre en los principales centros europeos. Joseph Nasí, su sobrino y yerno, se convirtió en un socio de confianza en esta empresa, asegurándose rápidamente un lugar de gran alcance en la corte del sultán Solimán I (nacido en 1494, que reinó entre 1520 y 1566). Su esposa, Reyna Nasí, con el tiempo se convirtió en una figura poderosa por derecho propio, conocida por su apoyo a obras de caridad. Pero Gracia Nasí mantuvo una reputación única como la encarnación misma de la solidaridad apasionada entre los exiliados.
Gracia Nasí había nacido en Portugal aproximadamente hacia 1510 y recibió el nombre de Beatriz. En 1528 se casó con Francisco Mendes Benveniste, un rico mercader “cristiano nuevo” de Lisboa, cuya fortuna había sido forjada en el comercio con las Indias Orientales, especialmente con el negocio de la pimienta y las especies. En 1535 falleció el marido, dejando a la joven viuda al cuidado de la enorme fortuna familiar. En la época se estilaba que hombres de fortuna se casaran con mujeres jóvenes para conservar el patrimonio de la familia para los hijos. Su marido sabía de la inteligencia y el ingenio que tenía Gracia para sortear los innumerables y graves problemas que se presentaron, desde los económicos a los políticos. El gobierno imperial había acusado a Francisco de criptojudaísmo para quedarse con gran parte del patrimonio de la familia. El préstamo de una enorme suma al emperador Carlos V consiguió detener el embate ambicioso por quedarse con las enormes riquezas que administraba Gracia. Para todos estos temas contaba con la ayuda y la capacidad de su sobrino Joao Micas, que con el tiempo se convirtió también en su yerno…