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‎28 Adar 5777 | ‎26/03/2017

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Victor Klemperer el 29 y 30 de octubre de 1942

Victor Klemperer el 29 y 30 de octubre de 1942

DIARIOS DE LA SHOÁ – Quiero dar mi testimonio hasta el final los diarios de Victor Klemperer 1.933-1945
Selección de las páginas del diario a cargo de Graciela Kohan. Voz: Juan A. Cornago

“Klemperer es un antídoto contra la manipulación”. Walter Nowosjki

50 años después de ser escritos vieron la luz los diarios del catedrático judío de Filología Románica Victor Klemperer, su testimonio del infierno de la vida cotidiana bajo el nazismo. Klemperer murió en 1960 dejando por escrito su día a día desde el 14 de enero de 1933 hasta el 10 de junio de 1945.

No fue un sobreviviente de los campos de concentración. Permaneció en Dresde, donde vivía y dio clases entre 1920 y 1935. Su matrimonio mixto con una alemana no judía, la pianista Eva Schlemmer, salvó su vida, pero no todo lo demás. Sus observaciones filológicas, o cómo se transformó el idioma alemán para amoldarse al engaño nazi se reunieron en el interesantísimo libro LTI (Lingua Tertii Imperii), La lengua del Tercer Reich. Los diarios por su parte eran un deber moral, pero también un peligro mortal. Si la Gestapo hubiera hallado las páginas secretas de Klemperer, miles de personas habrían sido enviadas a la muerte.

Walter Nowosjki, tuvo como profesor a Victor Klemperer y acabó como transcriptor y editor de sus diarios. Nowosjki comenzó en 1978 a descifrar, reducir y editar las 5.000 páginas originales de los diarios. Unos diarios que superaron, entre otros escollos, la censura de la RDA hasta llegar a todos, también a los más jóvenes. Y es que Klemperer pensaba que sólo los niños fueron inocentes en la Alemania nazi, y dice Nowosjki “sabía que ellos eran la esperanza para salir de la esclavitud del fascismo”.

Klemperer se aleja del sentimentalismo, es preciso en la crónica de su vida, siempre comprometido. El 11 de junio de 1942 anotó: “Ayer, y hoy todo el día, he estado muy hundido. Peligro de muerte cada vez más angustioso, estrangulamiento cada vez mayor, atroz inseguridad. (…) Ahora, avanzada la tarde, estoy más tranquilo. Hay que continuar, también en estas circunstancias. Ya encontraré alguna lectura enriquecedora, y continuaré con esta osadía del diario. Quiero dar testimonio hasta el final”.