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‎22 Iyyar 5779 | ‎27/05/2019

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“Ben-Hur” (1925), producida por Louis B. Mayer

“Ben-Hur” (1925), producida por Louis B. Mayer

SHÉKET: JUDÍOS EN EL CINE MUDO, CON MIGUEL PÉREZ –

Antes de la versión más popular protagonizada por Charlton Heston, ‘Ben-Hur’ tuvo dos adaptaciones cinematográficas. Una de ellas fue rodada en 1907 y, en consonancia con los medios de la época, apenas pasó de los veinte minutos de metraje, condensando al máximo la monumentalidad de la novela de Lew Wallace.

La segunda se estrenó en 1925 bajo el sello de la Metro-Goldwyn-Mayer y el liderazgo de Luis Burt Mayer e Irving Thalberg. Con más de dos horas de duración, el filme mostró por primera vez el colosalismo que ha marcado todas las versiones posteriores sobre la historia de Judah Ben-Hur, a quien el ambicioso general romano Messala acusa de traición y de atentado contra el cónsul del Imperio y condena a galeras abriendo una espiral de tragedias y luchas.

Se da la circunstancia de que el rodaje tuvo como ayudante de producción a William Wyler, el mismo artesano que 29 años después firmaría la versión más conocida de la obra. Wyler le daría un aire distinto a la narración, primando las escenas más dinámicas y decantando hacia el cine de aventuras una novela que tiene un potente peso filosófico y moral. La película patrocinada por el productor Louis B. Mayer, dirigida por Fred Niblo y protagonizada por el galán mexicano Ramón Novarro, subraya con mayor énfasis el contexto histórico. Da un relieve superior a la figura de Jesús de Nazaret, la transformación ética de Ben-Hur, que poco a poco cede su deseo de venganza en favor del sentimiento de perdón, y la capacidad de redención de Messala. De hecho, no es habitual que una película muda incluya tal cantidad de intertítulos como ésta, señal de su pretensión de ser lo más fiel posible a la obra literaria.

Si en una entrega anterior de esta serie se hablaba de la importancia de Irving Thalberg en el desarrollo de los cánones del cine moderno, en esta ocasión hay que añadir el talento de Louis B. Mayer, otro de los fundadores de la industria y personaje fundamental de la misma. Nacido en Minsk en 1884, Mayer emigró con su familia, de origen, a Canadá y desde ahí se trasladó a Los Angeles, a tiempo de participar en el naciente universo del cine. Fundó una cadena de salas de exhibición, montó su propia compañía cinematográfica y pasó a codirigir la poderosa MGM tras una fusión con Samuel Goldwyn y la Metro.

La major conocida por el emblema del león rugiente se convirtió en el referente de las superproducciones y en una auténtica agencia de estrellas, ya que reclutó o impulsó a todos los grandes actores y actrices del cine sonoro de los años 50 y 60 bajo el lema ‘Tenemos más estrellas que en el cielo’. ‘Ben-Hur’ sólo fue el comienzo de una fructífera trayectoria en la que la compañía produjo filmes como ‘Lo que el viento se llevó’ o ‘2001, una odisea del espacio’, todos ellos de gran envergadura, hasta que acabó aplastada por su propio peso, agobiada por la falta de dinero y por una cinematografía cambiante que buscaba producciones más dinámicas.

‘Ben-Hur’ es arquetípica del modo de trabajo de la MGM. Thalberg se encargó de forjar un equipo técnico y un reparto a la medida de lo que querían los estudios. Actores de renombre y realizadores que fueran trabajadores, pero no artesanos conflictivos que pusieran su arte por encima del objetivo final de la película. Thalberg prescindió, por ejemplo, de Erich von Stroheim, entonces un director influyente pero demasiado personalista. Empezaron a rodar en escenarios naturales en Italia y Egipto en 1921, en consonancia con el espíritu colosalista de la compañía y su deseo de impactar a los espectadores con producciones de calidad, sin reparar en gastos… Hasta cierto punto.

Las propias dimensiones del rodaje comenzaron a traer problemas. El primero, el tiempo. La película tardó en hacerse y estrenarse nada menos que cuatro años, algo que ningún presupuesto podía soportar fácilmente, a pesar de que la taquilla resultó luego generosa. Los roces comenzaron a aflorar en el equipo. Thalberg tuvo que intervenir y cambiar al director y a varios miembros del reparto. Como datos cabe decir que fue necesario contratar a 4.000 extras para las escenas bélicas y la carrera de cuádrigas, que se rodó con medio centenar de cámaras fijas para no perder ni un solo plano. El montaje final lo agradeció en agilidad y tensión , aunque nunca se había hecho hasta entonces. Como curiosidad: muchos de los planos de la carrera en la versión de 1959 son prácticamente idénticos a los de esta película, incluso en la colocación de cámaras y los ángulos de rodaje, un detalle en el que se observa la mano de William Wyler. Una parte importante del filme se finalizó en Estados Unidos.

Al margen de la grandiosidad, de ‘Ben-Hur’ caben destacar tres hechos esenciales que luego serían práctica común en la industria. El primero, comprar los derechos de autor de las novelas. Goldwyn y Mayer lograron hacerse con los de la obra de Wallace, lo que les permitió aligerar costos, minimizar problemas y ganar en exclusividad. La segunda: fue precursora de los efectos especiales mecánicos que, más tarde, se tornarían brillantes, por ejemplo, en ‘Ira de titanes’. Muchos de los romanos que asisten a la carrera de cuádrigas en el atestado coliseo no son humanos, sino maniquíes. También llama la atención el realismo con el que está filmada la batalla naval, teniendo en cuenta que se realizó en una inmensa piscina. Finalmente, Mayer experimenta aquí con el tecnicolor, una fórmula que la MGM utilizaría de forma masiva en la época del sonoro. De nuevo, unos adelantados a su tiempo.

Ficha técnica:
Título. “Ben-Hur: A Tale of the Christ”
Año: 1925
Director: Fred Niblo
Productor: Louis B. Mayer, Samuel Goldwyn e Irving Thalberg (MGM)
Guión: June Mathis, sobre la novela original de Lew Wallace.
Reparto: Ramón Novarro, Francis X. Bushman, May McAvoy, Carmel Myers, Betty Bronson, Kathlee Key, Claire McDowell, Nigel de Brulier, Winter Hall y Frank Currier.
Música: William Axt, aunque en algunas versiones restauradas se escucha la BSO dirigida por Carl Davis.
Fotografía: Karl Strüss
Duración: 143 minutos, aunque algunas versiones son ligeramente más cortas.
País: Estados Unidos.
Género: drama histórico, película muda.