Israel entre la continuidad y el cambio

FUERA DE FOCO, CON BRYAN ACUÑA – Reconfiguración política en Israel: continuidad estratégica con posible cambio de liderazgo. Las elecciones israelíes del 27 de octubre de 2026 podrían marcar una de las mayores reconfiguraciones políticas desde 2021. Más que un cambio ideológico, el proceso refleja un debate sobre el liderazgo posterior al 7 de octubre de 2023 y sobre la forma de gestionar la seguridad, las instituciones y la cohesión interna. El desgaste de Benjamin Netanyahu no se traduce necesariamente en un fortalecimiento de la izquierda. Las encuestas apuntan a un crecimiento de Gadi Eisenkot, respaldado por figuras de centro y centroderecha como Naftali Bennett y Avigdor Lieberman, lo que sugiere que una parte importante del electorado busca renovar el liderazgo sin modificar los principios fundamentales de la política de seguridad israelí. 

Eisenkot representa la tradición de altos mandos militares que ingresan a la política. Su propuesta mantiene prioridades estratégicas como la superioridad militar, la alianza con Estados Unidos y la contención de Irán, aunque plantea una gestión más pragmática, menos polarizada y con mayor énfasis en la planificación institucional que la desarrollada durante la era Netanyahu. Una eventual coalición con Bennett y Lieberman combinaría legitimidad en materia de seguridad, experiencia administrativa y capacidad para negociar acuerdos parlamentarios. Al mismo tiempo, podría reducir la influencia gubernamental de los sectores más ideológicos encabezados por Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir, quienes probablemente conservarían una base electoral relevante, pero desde la oposición. El papel de los partidos ultraortodoxos seguirá siendo determinante, especialmente por el debate sobre el servicio militar obligatorio para estudiantes de yeshivá, mientras que la izquierda sionista, representada por Yair Golan, podría recuperar una presencia parlamentaria limitada, aunque sin capacidad para liderar el próximo gobierno. 

En política exterior y seguridad, es poco probable que un nuevo gobierno altere los objetivos estratégicos de Israel. Tanto en Gaza como frente a Irán se anticipa una continuidad en las líneas generales, con posibles cambios en los métodos de gestión, mayor coordinación internacional y una planificación más estructurada para el escenario posterior a la guerra. El escenario más probable no apunta a una transformación ideológica del sistema político israelí, sino a una reconfiguración del bloque sionista, donde el liderazgo podría desplazarse desde una figura dominante hacia una conducción más colegiada y pragmática, manteniendo el consenso nacional en materia de seguridad mientras se intenta reducir la polarización interna.

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