Israel – Somalilandia: del reconocimiento nominal a la diplomacia plena

FUERA DE FOCO, CON BRYAN ACUÑA – El reconocimiento de Israel a Somalilandia (el 26 de diciembre de 2025) rompe un tabú diplomático vigente desde 1991 y reordena incentivos en el Cuerno de África y el eje Mar Rojo–Golfo de Adén. Al ser el “primero en moverse”, Israel crea un precedente que puede facilitar acercamientos posteriores, aunque a un alto costo político por el principio africano de integridad territorial, reafirmado de inmediato por la Unión Africana. El paso tiene un fuerte componente geoestratégico: Somalilandia se ubica junto a Bab el-Mandeb, corredor crítico para la seguridad marítima. Israel enmarca el reconocimiento en la lógica de los Acuerdos de Abraham, buscando insertar a Somalilandia en una arquitectura de normalización y cooperación más amplia. Esto activa resistencias de Somalia y de actores regionales como Egipto, Turquía y Djibouti, preocupados por precedentes secesionistas y por cambios en el balance del Mar Rojo. 

Para Estados Unidos, el reconocimiento es posible pero políticamente sensible. Existen incentivos (posición estratégica, competencia geopolítica y la estabilidad relativa de Somalilandia) y presión legislativa, pero pesan frenos importantes: la política de “una sola Somalia”, la cooperación antiterrorista con Mogadiscio y el rechazo regional. El escenario más probable es un avance gradual mediante vínculos prácticos antes que un reconocimiento formal inmediato. Emiratos Árabes Unidos emerge como beneficiario estructural. Su inversión en Berbera y el corredor hacia Etiopía —clave para un país sin litoral— ganaría previsibilidad si Somalilandia suma legitimidad internacional. Esto refuerza la posición emiratí como arquitecto logístico regional, aunque aumenta la exposición a tensiones con Somalia y al escrutinio en un contexto marcado por la guerra en Sudán y acusaciones (negadas por EAU) de apoyo a las RSF. 

En conjunto, el reconocimiento israelí transforma a Somalilandia de “hecho político” en “hecho diplomático” inicial. Reordena incentivos y abre oportunidades, pero no garantiza una cascada de reconocimientos: los costos políticos y geopolíticos siguen siendo elevados y la oposición regional es significativa.

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