La apuesta estratégica de Israel con Armenia sin renunciar a Azerbaiyán

FUERA DE FOCO, CON BRYAN ACUÑA – Durante décadas, Israel evitó reconocer oficialmente el Genocidio Armenio por razones estratégicas. La prioridad era preservar la relación con Turquía y evitar afectar los vínculos con Azerbaiyán, un socio clave en energía, defensa e inteligencia. En 2026 ese cálculo cambió, pero no porque Israel decidiera sustituir a Bakú por Ereván, sino porque la relación con Ankara ya se encontraba profundamente deteriorada. El reconocimiento constituye principalmente un mensaje político hacia Turquía. Para Ankara, la narrativa sobre 1915 forma parte de la identidad del Estado moderno, por lo que la decisión israelí representa una ruptura con una de las principales líneas de contención diplomática que Jerusalén había mantenido durante décadas. 

Sin embargo, el acercamiento a Armenia no implica un alejamiento de Azerbaiyán. Bakú continúa siendo un socio estratégico por su papel en el suministro energético, la cooperación en inteligencia, la industria de defensa y su posición geográfica frente a Irán. La inversión de SOCAR en el campo Tamar demuestra que los intereses económicos y estratégicos siguen vigentes para ambas partes. Más que cambiar de aliados, Israel parece estar diversificando su arquitectura regional. Grecia, Chipre y Emiratos Árabes Unidos consolidan la dimensión mediterránea y económica de esa estrategia, mientras Armenia aporta una nueva dimensión política en el Cáucaso sin reemplazar el papel que desempeña Azerbaiyán. 

El principal cambio es que Jerusalén ya no condiciona toda su política regional a preservar una relación con Turquía que considera cada vez menos viable. Desde la óptica israelí, el deterioro bilateral responde principalmente a la evolución de la política exterior de Ankara y no al reconocimiento del Genocidio Armenio. La apuesta consiste en fortalecer nuevas alianzas sin romper con Bakú, trasladando el costo político de la ruptura hacia Turquía. Si esa estrategia se mantiene, el reconocimiento de Armenia podría recordarse menos como un cambio de posición sobre el Cáucaso y más como el reflejo de una nueva etapa en la política exterior israelí.

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