¿Por qué EE.UU. lucha por avanzar y cómo una coalición ampliada podría cambiar el rumbo?

FUERA DE FOCO, CON BRYAN ACUÑA – La columna plantea que el conflicto en el Golfo no es una guerra convencional ni una victoria rápida para Estados Unidos, sino un escenario de desgaste donde la superioridad militar no se traduce en control estratégico. El punto central es claro: Washington ha logrado degradar capacidades iraníes —infraestructura, mandos, producción de misiles— pero no ha roto al régimen ni su capacidad de responder. Irán no necesita ganar, le basta con resistir y sostener presión, especialmente a través de mecanismos asimétricos como ataques intermitentes y la inestabilidad en el estrecho de Ormuz

Ahí está el núcleo del problema. Irán no cierra completamente el paso, pero lo vuelve incierto. Eso impacta precios, rutas y economías. El efecto no es militar, es sistémico. Y termina trasladando el costo a los aliados de Estados Unidos en el Golfo, que ahora enfrentan ataques directos en su propio territorio. La columna también marca una diferencia clave: Israel proyecta eficacia porque opera sobre el terreno y con objetivos concretos, mientras Estados Unidos ejecuta una estrategia a distancia que no logra generar percepción de control. Esa brecha narrativa pesa. 

A partir de ahí, el argumento se mueve hacia lo que falta: cerrar el ciclo. No basta con golpear, hay que inutilizar capacidades críticas, asegurar Ormuz y generar presión económica real que obligue a negociar. Pero el punto más importante no es militar, es político. Estados Unidos no puede sostener esta guerra solo. Necesita convertir la red de relaciones actuales en una coalición visible y operativa. Ahí entran los Acuerdos de Abraham como posible base para una arquitectura de seguridad regional que incluya a Israel y a los países del Golfo en un esquema coordinado. 

Si eso ocurre, cambia la percepción: de una potencia estancada a una que reorganiza el orden regional. Si no, el conflicto se alarga y la narrativa de debilidad se consolida. En síntesis, la columna no discute quién tiene más poder, sino quién está logrando usar mejor el tiempo, los costos y la percepción. Y, por ahora, Irán está jugando esa partida con más eficiencia de la que se esperaba.

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