Turquía bajo Erdoğan y su influencia internacional

FUERA DE FOCO, CON BRYAN ACUÑA – Turquía ha ampliado su influencia al mantener relaciones con gobiernos y movimientos enfrentados entre sí. Bajo Recep Tayyip Erdoğan, pasó de privilegiar el comercio y el acercamiento a Europa a combinar esos vínculos con intervenciones militares, exportaciones de armamento y mediación en conflictos. Esa política le permite seguir siendo un socio relevante dentro de la OTAN, mantener canales abiertos con Rusia y ganar terreno en Oriente Medio y África. Siria es el escenario donde Ankara tiene más en juego. Tras la caída de Bashar al-Assad, Turquía estrechó sus relaciones con las autoridades de Ahmed al-Sharaa y apostó por un estado centralizado que limite la autonomía militar de las fuerzas kurdas. También busca asegurar su frontera y facilitar el retorno de refugiados. Damasco, por su parte, cultiva vínculos con Estados Unidos, Arabia Saudita y Catar para conservar margen de decisión. La creciente presencia turca también genera fricciones con Israel, que ve con recelo la posibilidad de que Ankara amplíe su papel militar en Siria. 

En Gaza, los vínculos con Hamás le han permitido a Turquía participar en las negociaciones junto con Egipto, Catar y Estados Unidos. Ese acceso facilita la transmisión de propuestas, aunque la desconfianza israelí y las diferencias entre los mediadores sobre el futuro de Hamás dificultan acuerdos más amplios. En Ucrania, Ankara respalda la integridad territorial ucraniana y conserva al mismo tiempo sus relaciones comerciales y energéticas con Moscú. Su posición en el mar Negro y el antecedente del acuerdo cerealero le dan margen para facilitar arreglos concretos sobre navegación o comercio. En África, la presencia turca se apoya cada vez más en la venta de armas, la formación militar y la cooperación energética. Somalia ilustra ese cambio. Una relación que comenzó con ayuda humanitaria se amplió hacia la infraestructura, la seguridad marítima y la exploración petrolera. En Libia, el acercamiento a sectores del este reforzó la posición turca en la disputa marítima del Mediterráneo oriental y reavivó las tensiones con Grecia, Chipre y la Unión Europea. En Sudán, la cercanía con las fuerzas armadas le da acceso político a Ankara y, a la vez, complica su papel como mediador. 

La diplomacia turca también ha facilitado treguas temporales entre Afganistán y Pakistán y ha dado pasos hacia una apertura comercial gradual con Armenia. Europa, entretanto, sigue siendo indispensable para la economía turca, incluso cuando la cooperación migratoria le da a Ankara margen de negociación frente a Bruselas. Con una inflación que sigue presionando el poder adquisitivo, sostener esa presencia exterior dependerá en parte de que sus iniciativas se traduzcan en acuerdos duraderos, inversión y oportunidades comerciales.

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