“El ave de fuego” de Zuzanna Ginczanka, con su traductora Elzbieta Bortkiewicz

POLIN: JUDÍOS POLACOS, CON ELZBIETA BORTKIEWICZ – “Zuzanna Ginchanka ocupa un lugar muy especial en la literatura polaca, pero también para mí es un personaje de especial importancia personal, oí hablar de ella allá por el año 81-80 del siglo pasado…” “En la primera época ella era una muchacha, una joven muy valiente, la primera que habla de la sexualidad de las jóvenes… Todavía estaba entrando en la vida llena de euforia, de curiosidad y de valentía.” 

Nuestra querida y magnífica colaboradora ha logrado el sueño de traer la obra de Zuzanna Ginczanka al castellano. Elzbieta Bortkiewicz nos presenta, editada por Báltica Editorial,  El ave de fuego, 

Considerada una de las voces más magnéticas, modernas y audaces de la literatura polaca de entreguerras, Zuzanna Ginchanka —nacida Sara Polina Grinsburg— dejó una huella imborrable por su inmenso talento poético y sus arrebatadoras belleza y personalidad. Bortkiewicz desgrana los  lazos que unieron a la autora con España (su madre vivió en Pamplona), su consagración en los círculos intelectuales de Varsovia junto a figuras como Gombrowicz o Tuwim, y el desgarrador legado de sus versos antes de ser asesinada por los nazis a los veintisiete años. Zuzanna  murió en Cracovia, en el campo de concentración de Plaszow,  a dos semanas de la llegada del ejército soviético a la ciudad. Fue denunciada: (“hay una mujer de rasgos semíticos en la casa…”).

Poco antes de ser fusilada entregó a una de las presas un papelito: en el está escrito su poema *“Non omnis moriar”. Elzbieta nos lee su predilecto *Erotofísica. No se pierdan la presentación de esta imprescindible antología poética -que contará con la presencia, entre otros de la propia Elzbieta y de Mercedes Monmany- este próximo jueves 25 de junio a las 19 horas en la Librería Machado de Madrid. 

 

Báltica Editorial. El ave de fuego reúne por primera vez en español una selección de poemas de Zuzanna Ginczanka, una de las voces más singulares de la literatura polaca del siglo XX. Esta antología recoge cuarenta y cuatro poemas, entre ellos sus textos más emblemáticos y el célebre «Non omnis moriar», poema en el que dejó escrito el nombre de la mujer que la había delatado a los nazis. La poesía de Ginczanka sorprende por su energía verbal, su sensualidad y su inteligencia irónica. En sus versos, el cuerpo, la naturaleza, el deseo y el pensamiento se funden en imágenes audaces, de una modernidad poco común. Las identidades híbridas que la atravesaron —judía, polaca, rusa, ucraniana— afloran en una escritura donde las resonancias bíblicas y mitológicas conviven con una imaginación que explora la materia viva de la realidad y la huella trágica del hombre en la historia.

Breve, intensa y deslumbrante, su obra no puede leerse solo como el testimonio de una vida truncada. Es también una evocación sensual de otros mundos posibles, una búsqueda radical de nuevas formas expresivas y vías de resistencia.

*Erotofísica
Ochenta días normales penderán inertes en el pasado;
ochenta días normales robarán tu enamoramiento:
Entre el brezo morado y el dibujo en el cristal helado
El vector del corazón describe siempre un movimiento ensortijado.
Me advierto a mí misma que llegaré con dilación
(Tercera ley de Newton: acción igual a reacción)
Echarás de menos las rosas entretejidas en las plegarias –
Y lanzadas al atardecer
– estoy segura me amabas.
Pero, no ansío contar nuestras tardes comunes
Borraré la fuerza de tu resistencia de la ecuación de los afectos.
En el amor cinético florecen las lilas – de modo natural
Pero a mí me basta: amar de manera potencial.
Y cuando mi amor comience a crecer con tanto apremio
Y me pese demasiado en diciembre su suave crisantemo,
Me iré al ecuador, más allá del aire macilento,
porque, allí el corazón pesa menos
lo dice el dinamómetro?
6 de diciembre 1932

*Non omnis moriar

Non omnis moriar, mis fatuas riquezas
Campos de mis manteles, de mis armarios alcázares,
sábanas extensas, valiosos ajuares
y vestidos claros cuando me vaya quedarán.
No dejo a ningún heredero, por eso te digo:
Chominowa, lvoviense, gallarda consorte de espía,
delatora diligente, madre de un Volksdeutscher,
que tu mano hurgue entre mis cosas judías
A tí, a los tuyos que sirvan, ¿por qué dejarlas en otras manos?
Oh, mis prójimos…no es una lisonja, ni palabra vana,
Os recuerdo, como vosotros de mí os acordabais
cuando la Gestapo venía a buscarme a mi casa
de hecho, quien era yo vosotros les habéis recordado.
Que levanten la copa, pues, esos amigos,
y brinden por mi entierro o por su riqueza:
Kilims y tapetes, fuentes y candelabros.
Toda la noche que beban, y cuando llegue el alba
Que empiece la caza de joyas, gemas y oros,
Dentro de sofás, colchones, alfombras y sábanas.
¡Oh, cómo cundirá el trabajo en sus manos!
Bucles de heno marino y de crines de caballo,
nubes de almohadas rajadas y vahos de plumón,
Ligados con mi sangre, en alas tornarán sus brazos
Y ,de repente alados, en ángeles los convertirán.

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