HOMENAJE – «Fuimos arrestados mamá y yo el 16 de julio de 1942. Mamá en ese momento abrió las ventanas que daban a la calle y gritó en idish y en francés: “Nos están llevando, judíos escóndanse”.» «En el Velódromo de Invierno […] estuvimos, en un libro dice que el primer día creo, como 12.000 personas. En pleno verano, se pueden imaginar lo que es, lo que era.» «Yo lloré, por supuesto, lloré todo lo que podía llorar y mamá me rechazó, me dijo: “Te vas a quedar acá”. Yo quería seguirla; no, no y no. Finalmente ella se fue…» «Al cabo de la guerra quedaron solamente cinco personas de esas 1.015 personas que llegaron ese día a Auschwitz, entre ellos mi mamá.»
En esta emotiva entrega de Con voz propia, nuestro querido y recordado colaborador Rodolfo Kligman Z”L conversa en Buenos Aires con Enrique, un ciudadano francés de origen polaco que sobrevivió a uno de los episodios más oscuros de la ocupación nazi en Francia: la Redada del Velódromo de Invierno en julio de 1942. A través de un desgarrador testimonio en primera persona, Enrique (quiso mantener en el anonimato su apellido) rememora los angustiosos momentos de su detención junto a su madre, el ingenioso escape de su padre y el drama vivido dentro del velódromo. Una historia de horror y supervivencia que cobró una dimensión aún más profunda tras el hallazgo fortuito, más de sesenta años después, de la última carta desesperada que su madre escribió antes de ser deportada a Auschwitz.
Reponemos este programa en homenaje a todas las víctimas de la razzia del Velódromo de Invierno en París.
La razzia del Velódromo de Invierno, conocida en francés como la Rafle du Vél d’Hiv, fue una operación de detención masiva llevada a cabo los días 16 y 17 de julio de 1942 en París por la policía francesa bajo órdenes de la Alemania nazi ocupante. En apenas dos días, más de 13.000 judíos —entre ellos cerca de 4.000 niños— fueron arrestados en sus hogares y hacinados en el Velódromo de Invierno, un pabellón deportivo cubierto de la capital francesa, donde permanecieron días en condiciones infrahumanas, sin agua, comida ni asistencia sanitaria suficientes, antes de ser trasladados a los campos de Drancy, Beaune-la-Rolande y Pithiviers y, desde allí, deportados a Auschwitz-Birkenau, donde la gran mayoría fue asesinada. Lo que hace de esta razzia un episodio particularmente doloroso en la historia francesa es que no fue ejecutada por los alemanes directamente, sino por la propia gendarmería y policía francesa, un hecho que Francia tardó décadas en reconocer oficialmente: no fue hasta 1995 cuando el presidente Jacques Chirac asumió públicamente la responsabilidad del Estado francés en aquella deportación.




