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‎23 Sivan 5779 | ‎26/06/2019

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«Octubre» (1928), de Sergei Eisenstein

«Octubre» (1928), de Sergei Eisenstein

SHÉKET: JUDÍOS EN EL CINE MUDO, CON MIGUEL PÉREZ –

‘Octubre’, la película con la que Sergei Eisenstein narra minuciosamente la revolución rusa de 1917, pertenece a la historia de los filmes injustamente relegados por prejuicios e ideas preconcebidas. El comité central del Partido Comunista encargó en 1927 su realización al insigne director de cine y teatro de origen judío (nacido en Riga en 1898). La finalidad consistía en celebrar el décimo aniversario de la revuelta y durante la etapa de montaje padeció más de una injerencia política, como la eliminación de todas aquellas escenas en las que aparecía Trostsky una vez fue apartado de la dirección del partido. Escenas retiradas directamente por Stalin, hasta ahí llegaba la importancia que se le concedía al cine como medio propagandístico de masas. Por si fuera poco, la crítica se cebó con ‘Octubre’ al considerar que era demasiado compleja narrativamente para un público llano al que debían transmitirse mensajes directos.

En fin, ruido. Si se aisla de toda esa batería de subjetividad, la película resultante no es ni más ni menos que una joya del cine mudo, una obra épica y coral que figura en los orígenes del documental y plantea unas técnicas narrativas y de montaje inéditas. Si Eisenstein ya se había mostrado en títulos anteriores –especialmente en ‘ El acorazado Potemkin’– como un abanderado del experimentalismo y un innovador que valoraba la simbología en el cine, en esta película alcanza una intensidad que le confirma como un maestro del impacto visual.

Quizá más que documental, ‘Octubre’ es un docudrama –sí, el género no se inventó anteayer con las cadenas privadas y el éxito de los ‘realities’– que reproduce fielmente los hechos narrados en ‘Diez días que estremecieron al mundo’, libro escrito por el periodista John Reed en 1919 y ejemplo fundamental del reporterismo universal mucho antes de que llegara a las librerías ‘A sangre fría’, de Truman Capote. Hay que recordar que el mundo entero asistió en las primeras décadas del siglo XX a una sucesión de fenómenos históricos –destinados, como bien pronosticó Reed, a cambiar el mundo– que pusieron en primera línea el valor de la información y de los medios de transmisión de noticias.

Evidentemente, el filme plantea un grave problema de entrada: cómo resumir la revolución en apenas una hora y diez minutos de metraje. La idea original de Eisenstein era rodar dos películas, pero al final la primera de ellas quedó abocada a convertirse en una breve introducción de texto que resume la vida en la época zarista previa a la revolución. A partir de ahí, la obra se esquematiza en cinco capítulos que abarcan desde los primeros días del gobierno provisional de Kerensky –que no aparece por azar junto a una estatua de Napoleón– hasta el momento en que los bolcheviques llegan al poder.
Tachada de propagandística años después, ‘Octubre’ no es sino hija de su tiempo y, sobre todo, una visión de la revolución soviética vista desde sus protagonistas. No se trata de una narración exterior hecha por un cronista, sino de una semblanza interior. Todo cambia en esa configuración y es así cómo debe ser vista. El director alimenta el carácter documental del filme incluyendo a soldados y personajes reales que intervinieron en la revolución y escenas rodadas en algunos de los escenarios donde las refriegas tuvieron lugar.

Si ese rigor resultó elogiado por la crítica local, su capacidad metafórica obró el efecto contrario. Eisenstein era un profesional de la metáfora, de la sustitución de la linealidad por la simbología y el lenguaje sensorial; una forma de rodar y montar películas que podía utilizar con total generosidad en el cine mudo, ya que le ofrecía la posibilidad de sustituir las palabras por la metafísica. La parte negativa que supuso esa forma de actuar fue que la crítica consideró su filme como demasiado intelectual, necesario de leer varias veces para entender su complejidad.

Los ejemplos de esta técnica abundan y hacen de la película una peculiaridad experimental. En ‘Octubre’ no hay un plantel claro, es una obra coral donde lo que interesa es que participe el mayor número de personas anónimas: es decir, el pueblo, santo y seña de la revolución. Además, el director introduce escenas visualmente muy potentes que sólo pueden entenderse desde la psicología. Entre ellas, la imagen del caballo que cuelga de una de las láminas de un puente levadizo, el repetido derribo y recomposicion de la estatua del zar o la galería de medallas, condecoraciones y galones que se insertan en uno de los fragmentos más oníricos del filme. Queda por saber, sin embargo, si ese peculiar resultado final es fruto solo del ingenio creativo de Einsenstein o tiene algo que ver el hecho de que le obligaran a retirar cientos y cientos de metros de celuloide del rodaje original.

Ficha técnica:
Título: ‘Octubre’ (‘Oktyabr’ en el original)
Estreno: 1928
Duración: 140 minutos, la copia restaurada.
País: Unión Soviética
Directores: Sergei Eisenstein y Grigori Aleksandrov
Guion: Sergei Eisenstein y Grigori Aleksandrov basado en el libro ‘Diez días que estremecieron al mundo’, del periodista John Reed.
Reparto: Vassilli Nikandrov, Vladimir Popov, Boris Livanov…
Música: muda. Cuenta con una banda orquestal de Dimitri Shostokovich en la versión restaurada.
Productora: Sovkino.
Género: Documental, dramático.