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‎24 Av 5779 | ‎24/08/2019

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“Phoenix”: yo soy el que soy

CINE Y SHOÁ, CON AARÓN RODRÍGUEZ – Hay que ir a ver Phoenix, la última película de Christian Pertzold, entendiéndola- nos sugiere Aarón Rodríguez- como “un interlocutor, como un largometraje con el que se debe dialogar”. Dice Rodríguez en su artículo Phoenix y los rostros :algunos podrán pensar que la cinta banaliza lo ocurrido en los campos para acabar generando una suerte de pasta melodramática deudora de la escritura de Hitchcock. Llevarían razón de no ser por el detalle clave de que Phoenix pone el dedo en la llaga del rostro, que es la llaga primera y principal de los campos: el rostro amado que se difumina, el rostro propio que se borra, el rostro del verdugo que permanece.Hay una venganza fundamental en la última —y portentosa— escena de la película. La música escribe lo que los cuerpos, las voces y la Historia no han podido escribir: la permanencia. La permanencia de un exceso de significación, la permanencia de los cuerpos después del deseo y de la muerte, y la inmensa fuerza —una fuerza sagrada— que los inviste de un misterio sobrenatural. Aquellos que han regresado del infierno ciegan con el enigma mismo de su supervivencia y hacen temblar la lógica del montaje cinematográfico. Pese a todo, permanecen. Pese a todo, están un paso más cerca de Dios y, en la vereda de su preciso sinsentido, también pueden decir, en minúscula: yo soy el que soy. Y a diferencia de Dios, tengo un rostro que los hombres pueden mirar. Un rostro atravesado de tiempo, dolor y experiencia. Un rostro que, roto y reconstruido en cada día de estar aquí, da cuenta de mi dignidad y de la inquebrantable posibilidad de la existencia misma”.
Junto con Aarón Rodríguez analizamos esta película que es Los ojos sin rostro,  Hijos del Tercer Reich, Vértigo, Ida...que es amor, psicología del superviviente, traición, mirada femenina, que es música, que es identidad, que es Shoá.