Una cita con Zuzanna Ginczanka: vida y poesía de una voz recuperada

POLIN: JUDÍOS POLACOS, CON ELZBIETA BORTKIEWICZ – «Durante mucho tiempo se la consideró una poeta del Holocausto, pero realmente el único poema que habla del Holocausto es el último, el gran poema Non omnis moriar.» «Gracias a este poema  la portera del edificio que la delató fue acusada y condenada después de la guerra.» «(…) recibió un paquetito; dentro del paquetito había otro paquetito más pequeño y otro más pequeño, y dentro una especie de funda, y dentro había un alfiler para corbatas —un alfiler de oro con un diamante— y este alfiler atravesaba una hoja de papel, y en la hoja de papel ponía: “Gracias de parte de la madre de Zuzanna”».

Tenemos una cita muy especial, con la poesía de Zuzanna Ginczanka y con Elzbieta Bortkiewicz, su garante en España, su traductora al castellano en Centro Sefarad-Israel el próximo 26 de octubre a las 19 hrs.   Antes de la presentación dramatizada de El ave de fuego. Antología de poemas  (Báltica Editorial), Borkiewicz profundiza  en el legado literario de Ginczanka y en las fascinantes historias que la conectan con nuestro país.

La velada recorrerá la vida de Ginczanka, su camino hacia la poesía y su lucha por sobrevivir, mediante narración, lectura de poemas, música e imágenes. Participarán Joanna Bardzińska y Eduardo Kahane como narradores, la violinista Anna Radomska y Marcin Paszko, responsable de la parte audiovisual. Coordina Elżbieta Bortkiewicz.

Zuzanna Ginczanka -nacida Sara Polina Grinsburg- fue una de las poetas más deslumbrantes y originales de la Polonia de entreguerras. Su nombre brilló en los círculos intelectuales de Varsovia junto a Gombrowicz y Tuwim, y su voz moderna y audaz la convirtió en una figura irrepetible. Elzbieta Bortkiewicz nos acerca a sus vínculos con España (su madre vivió en Pamplona), a su consagración literaria y al final brutal de una vida truncada por los nazis a los veintisiete años. Fue delatada con una frase: “hay una mujer de rasgos semíticos en la casa.”

La fusilaron en Cracovia, en el campo de Plaszow, a dos semanas de que el ejército soviético liberara la ciudad. Antes de morir, hizo llegar a otra presa un pequeño papel. En él estaba escrito su poema Non omnis moriar.

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