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‎14 Kislev 5780 | ‎12/12/2019

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Camino a Occidente (12ª parte): las migraciones judías y su continuidad

Camino a Occidente (12ª parte): las migraciones judías y su continuidad

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – Los primeros judíos que cruzaron los siete mares y se dispersaron por los cuatro puntos cardinales, pero se establecieron principalmente en Europa y en América, fueron los judíos sefaradíes, muchos de ellos de origen español o portugués que llegaron a constituirse en una minoría muy adinerada, educada y refinada. No todos los que habían ocultado cuidadosamente su ascendencia judía y forzados a la conversión retornaron al judaísmo. Pero habían conservado lazos de parentesco, también financieros y comerciales además de la lengua y un pasado común que les llevaron a llamarse “A Naçao” (La Nación). Fragmentados o unidos se radicaron en diferentes lugares y prosperaron, constituyendo comunidades judías, prósperas y visibles para el resto de los gentiles entre los que habitaron. Los judíos de Europa Oriental y Central , los ashkenazíes, cuando comienzan a peregrinar, especialmente hacia Europa Occidental y luego a cruzar el mar, lo hacen huyendo de las persecuciones o de la terrible miseria en la que se sumía parte de la población del Imperio Zarista, y también la del Imperio Otomano. Para cuando llegan nuevos inmigrantes judíos a principios del siglo XIX a Gran Bretaña, estos pobres de toda pobreza, contarán con el auxilio de la comunidad judía ya existente. Pensemos lo que significaba la presencia de alguien como Sir Moses Montefiore.
Para fines del siglo XVIII y principios del XIX llegarán a las costas de Estados Unidos en gran parte inmigrantes judíos de origen germánico, obligados por las leyes y condiciones establecidas en lo que antiguamente fue el Sacro Imperio Germánico, la manera que imponen de restringir la presencia judía en sus dominios es la tolerancia sólo a la familia original acompañada por el primogénito, el resto debía partir. Y así fue como numerosos jóvenes atravesaron el Océano Atlántico y se establecieron en regiones y ciudades donde ya estaban instaladas antiguas comunidades sefaradíes. Lo hicieron manteniendo un viejo hábito judío: buscar refugio y protección en una comunidad establecida. Era la manera de poder continuar con los rituales de observancia, obtener trabajo y, quién sabe, una familia. Y esta historia continuó…