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‎25 Av 5779 | ‎25/08/2019

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Camino a Occidente (14ª entrega): el comodoro Uriah Phillips Levy, héroe de la independencia estadounidense

Camino a Occidente (14ª entrega): el comodoro Uriah Phillips Levy, héroe de la independencia estadounidense

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – Uriah Phillips Levy nació en Filadelfia en 1792. Su madre era descendiente de la familia Nunez, los sefardíes que llegaron a Charleston en 1733, cuando un antepasado que tenía apenas catorce años se embarcó como camarero en un barco. Cuando estalló la guerra en 1812, se presentó como voluntario en el Servicio Naval de la marina norteamericana, ahí comenzó su carrera como marino, en un ámbito y en una época, muy poco amigable y tolerante hacia los judíos. En 1813 fue capturado por los ingleses permaneciendo como prisionero hasta la finalización de la guerra. Porque no cejó en su empeño de continuar su carrera en la marina estadounidense, teniendo que enfrentarse a la persecución antijudía de los oficiales navales que no solo lo retaban a duelo sino que lo enviaron a enfrentar seis cortes marciales por diferentes falsas acusaciones. No obstante toda esta dura oposición, Levy llegó al comando de la Flota del Mediterráneo y logró el más alto grado de la carrera naval cuando fue nombrado Comodoro, que en ese momento era el cargo más alto dentro del rango de la carrera naval estadounidense, equivalente al grado de almirante en la actualidad. Sin embargo y a pesar de todas las dificultades que implicaba su condición de judío para la carrera que había elegido, Uriah P. Levy mantuvo a lo largo de toda su vida una activa participación religiosa y comunitaria, fue el primer presidente la Congregación Hebrea de Washington y el 1854 fue el patrocinador del nuevo Seminario del Instituto Educativo Bnai Jesherun en Nueva York. Levy deseaba ser conocido y recordado por los grandes esfuerzos que realizó para abolir la bárbara costumbre del castigo con azotes de la marina de los Estados Unidos, que se logró por aprobación de una ley del Congreso en 1850. Uriah P. Levy consideraba a Thomas Jefferson como “uno de los hombres más grandes de la historia, que hizo mucho por la creación de una República en que las creencias religiosas de un individuo no fueran motivo de inhabilitación para la participación en la actividad política o gubernamental”. Pasados diez años de la muerte de ese presidente, en 1826, Levy compró su residencia que estaba en total decadencia, casi en ruinas. Comenzó un largo y costoso programa de renovación y restauración, incluyendo la compra de 2.500 acres adicionales para unirlos a la histórica propiedad. Después de su muerte, Levy en 1862, legó Monticello – la casa y la propiedad – al pueblo de Estados Unidos.