¿QUÉ DIRÍA RAB JONATHAN SACKS AHORA? CON JORDAN S. JACOBS – Los recientes acontecimientos en Ceuta han captado la atención de buena parte de la sociedad española y de la comunidad internacional, convirtiéndose en un foco de confrontación política en el que, con demasiada frecuencia, solo parece haber espacio para una única respuesta en detrimento de cualquier otra. A partir del pensamiento del rabino Jonathan Sacks, exploramos por qué esta dicotomía resulta insuficiente y cómo su propuesta del «hogar que construimos juntos» ofrece un marco distinto desde el que pensar la inmigración.
Partimos de una de las convicciones fundamentales de Sacks: la insistencia bíblica en tratar al extranjero con dignidad. A partir de ahí, nos detenemos en un matiz importante inspirado por su pensamiento: una política migratoria que no tenga presente la integración de los inmigrantes– o, en un sentido más amplio, de cualquier minoría étnica o religiosa- corre el riesgo de favorecer una sociedad fragmentada. Para Sacks, esta constituiría una de las principales limitaciones del multiculturalismo, una realidad que simboliza mediante la metáfora del hotel: un contexto en el que todos viven bajo el mismo techo, pero en habitaciones distintas, sin necesidad de colaborar ni de convivir.
Por último, reflexionamos sobre el modelo que la experiencia judía puede ofrecer en este contexto: una forma de preservar una identidad propia y diferenciada al tiempo que se contribuye plenamente a la sociedad de la que se forma parte. Más que una lección dirigida únicamente a quienes desean construir una nueva vida en España, se trata también de una invitación a todos los actores del debate público. Frente a la polarización política, Sacks propone mantener unidas dos exigencias inseparables: la responsabilidad de acoger al extranjero y la necesidad de construir una sociedad cohesionada en torno a valores, responsabilidades e identidad compartidos.
En otras palabras, esta es también una forma de encarnar hoy nuestro legado y nuestra herencia judía y sefardí. Más que limitarnos a hablar de ella, el verdadero reto consiste en vivirla con orgullo, con civismo y con un profundo sentido de pertenencia y de propósito, tendiendo puentes entre el pasado, el presente y el futuro.




