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‎20 Tammuz 5779 | ‎22/07/2019

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“El abrazo partido” (2003), de Daniel Burman

FILMOTECA, CON DANIELA ROSENFELD – El abrazo partido, filmada en 2003, es la cuarta película de Daniel Burman. En el Festival de Cine de Berlín, uno de los tres festivales más importantes del mundo junto a Cannes y Venecia, donde Burman se llevó el Oso de Plata especial del jurado y Daniel Hendler, el actor protagonista, el Oso de Plata al mejor actor fue comparada con el cine de Woody Allen o de Nanni Moretti.
Basada en un guion original del propio Burman, escrito en colaboración con el escritor Marcelo Birmajer, El abrazo partido es un mosaico de historias y anécdotas que giran alrededor de Ariel Makaroff (Hendler), un joven de familia judía que vive y trabaja con su madre, en una decadente galería del barrio de Once (barrio judío por antonomasia de Buenos Aires, Argentina) con sus locales que parecen anclados en el tiempo, su locutorio, su peluquería, su bar y sus oscuras oficinas. El padre alguna vez los abandonó, con la excusa de irse a pelear por Israel en la guerra de Yom Kipur, y a partir de esa ausencia el protagonista intenta construir su identidad, con los escasos recuerdos que le quedan de esa figura borrosa, con unos papeles que pretenden demostrar su ascendencia polaca para irse a probar suerte a Europa, o simplemente cuestionándose lo poco que ha hecho de su vida, que transcurre en ese micro mundo que es la galería, un verdadero cóctel multicultural, donde se mezclan judíos porteños, coreanos, peruanos y descendientes de italianos, en una realidad que no es precisamente fácil debido a la eterna crisis económica argentina, pero que el film de Burman tiene el buen tacto de no dramatizar demasiado.
La película está narrada en primera persona, Hendler se convierte en el álter ego de Burman, en una crisis constante de identidad, generacional y familiar. Las relaciones con su madre (interpretada por la gran actriz Adriana Aizemberg), su hermano Joseph, su amigo Mitelman, su amante y el reencuentro con su ex novia sólo sirven para aumentar el desconcierto, la melancolía y esa especie de vacío existencial cuyo eje es el fantasma del padre que lo dejó y que amenaza con volver en cualquier momento. Su único refugio parece ser la figura de la abuela (un regreso a lo grande de ese mito de la canción judía que es Rosita Londner), que no sólo le ofrece los papeles necesarios para gestionar la nacionalidad polaca, sino también unos cuantos consejos y anécdotas que pueden servirle para enderezar el rumbo de su vida.
El abrazo partido es una gran película, honesta, valiente, de una gran sensibilidad y un sentido del humor de una sutileza excepcional y que consigue mezclar de manera natural situaciones disparatadas y dramáticas que la convierten en un exponente de referencia del humor judío. La sofisticada puesta en escena arriesgada, filmada generalmente con cámara en mano y una excelente fotografía la han convertido en un referente cinéfilo. Maravillosa la banda sonora a cargo de Cesar Lerner.
Una recomendación: vea los títulos de crédito hasta el final, se encontrará con una pequeña y agradable sorpresa