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‎4 Tammuz 5782 | ‎03/07/2022

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El retorno a Israel y la creación de su Estado (19ª parte): mujeres sionistas

El retorno a Israel y la creación de su Estado (19ª parte): mujeres sionistas

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – En este período histórico de la construcción del llamado Yishuv, que hemos abordado para comprender la tarea llevada a cabo por los fundadores del Estado de Israel, ha faltado el relato sobre algunas de las protagonistas fundamentales de esta hazaña, las que llevaron a cabo las mujeres. Lo hicieron al mismo nivel que los hombres, pero tal vez en inferioridad de condiciones y posibilidades por varias razones, tal vez la más relevante de ellas fue el tiempo y la época en que les tocó realizarla. En este caso hemos apelado a la información obtenida en el Womens Jewish Archive, en el texto de la historiadora Margalit Shilo “Segunda aliá: la experiencia de las mujeres y su papel en el Yishuv”. Según ella, el cambio más notable que había tenido lugar con estas nuevas inmigrantes que integraron la Segunda Aliá fue su nivel educativo y la aspiración que las impulsaba, el deseo de su realización personal e independencia económica mediante su trabajo, lejos de las tareas tradicionales del hogar y cuidado de la familia. Para ellas su trabajo era esencial para el proyecto sionista.

“Alrededor de 30.000 judíos emigraron a la Palestina otomana durante el período de la Segunda Aliá (1904-1914). La mitad se unió a la comunidad ortodoxa, conocida como el ‘Viejo Yishuv’, mientras que la mitad se unió a los sionistas, o ‘Nuevo Yishuv’. Durante esta década se puede discernir en el Nuevo Yishuv los comienzos del entorno israelí y la mayoría de sus componentes: un liderazgo activo en los campos de asentamiento, educación, formulación de políticas, defensa y derecho; organizaciones e instituciones culturales como Bezalel (la primera escuela y talleres de arte nacionales), el Círculo de Amantes del Teatro Hebreo, el Instituto de Canciones de Israel, la Sociedad Musical Hebrea y Maccabi, por nombrar sólo algunos. Las mujeres participaron en la mayoría de estos nuevos emprendimientos”.

Aunque muchos estudiosos describen el nacionalismo, el sionismo y la masculinidad como virtualmente sinónimos en el Yishuv, para Shilo, el argumento de Billie Melman sobre la importancia de las mujeres y los hombres era central para el modelo cultural del nuevo individuo en Palestina anterior al Estado. Los cambios más notorios entre las mujeres inmigrantes de la Segunda Aliá fueron la educación secundaria o incluso universitaria, que algunas recibieron en la diáspora antes de su inmigración, y su conciencia de la necesidad de dedicarse a trabajar fuera del hogar como un camino para ambos. La necesidad de independencia económica es citada por Arthur Ruppin, director de la Oficina de Palestina, como una meta que su esposa Shulamit (Selma) se fijó incluso antes de su inmigración a Palestina. Junto con el deseo de independencia económica, había un factor adicional exclusivo de Palestina que se cita con frecuencia: la comprensión de la importancia de trabajar fuera del hogar para todo el esfuerzo de construir el Estado.

“No es casualidad que varias mujeres que dejaron autobiografías con relatos detallados de sus actividades e ideas relataran con franqueza su desarrollo personal como mujeres trabajadoras en la Tierra de Israel. Sara Azaryahu, una maestra que escribió su historia de vida cuando tenía ochenta años, resumió su vida en estas palabras: ‘Desde los primeros días de mi juventud, comencé a reflexionar sobre dos problemas en particular: (a) el amargo destino de mi pueblo errante y perseguido; (b) la condición oprimida de la mujer en la familia’ (Azaryahu 1957, 12). Azaryahu afirmó que no sentía ninguna discriminación en su propia familia, pero su preocupación por el estatus de la mujer en la sociedad la llevó ‘intuitivamente’ a la conclusión de que ‘la independencia de la mujer en el sentido material podría elevar su estatus’ (ibid .). Al igual que los trabajadores masculinos y femeninos de la Segunda Aliá, Azaryahu vio su inmigración a Palestina como un acto revolucionario: ‘Voy a unirme a un grupo bastante pequeño de revolucionarios ansiosos y valientes’ (ibid ., 59). Su labor educativa, que se centró en la enseñanza de niñas en Yafo, Jerusalén y Haifa, y su posterior rol como secretaria de la Unión de Mujeres Hebreas por la Igualdad de Derechos en Eretz Israel, estuvieron encaminadas a solucionar los problemas de la nación en general y de las mujeres, en particular. En su forma de pensar, la autorrealización, la independencia económica, la reforma social y la reforma nacional estaban inextricablemente entrelazadas’». Y esta historia continuó…