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‎6 Elul 5778 | ‎17/08/2018

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Sefarad: exilio y clandestinidad (22ª parte): Safed y la obra de los maestros sefardíes

Sefarad: exilio y clandestinidad (22ª parte): Safed y la obra de los maestros sefardíes

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – En 1516 el Imperio Otomano conquistó el territorio donde se hallaba Palestina. Allí, los dos grandes centros de la inmigración sefardí fueron Jerusalén y, principalmente, Safed, ciudad ésta que se transformó en el siglo XVI en un emporio económico y en un gran centro religioso y cultural. Estos migrantes sefardíes llegaron masivamente desde Turquía, los Balcanes y el Norte de África. Su rasgo más determinante fue que su traslado respondía a motivaciones religiosas. También hubo otras razones que pudieron contribuir a la elección de Safed como lugar de inmigración preferente de los sefardíes en Palestina: su posición estratégica, en las proximidades de Siria y en la ruta por la que, desde el noroeste del Imperio Otomano, los judíos se dirigían en peregrinación a Jerusalén. La falta de interés religioso de cristianos y musulmanes por esta ciudad, que no era para ellos lugar sagrado, además del aura de santidad que tenía para los judíos desde el punto de vista religioso (ya que en sus proximidades se hallaban las tumbas de diversos “tannaim’, los maestros de la Ley Oral, trasmisores directos de una tradición trasmitida del maestro al talmid- estudiante – que fue escrita y codificada como basé para la Mishná, y las enseñanzas del Talmud) fuie fundamental. Entre ellos uno de los más sobresalientes fue Shimón Bar Yohai que se hallaba enterrado en el monte Merom.
En el segundo cuarto del siglo XVI la comunidad judía de Safed experimentó un importantísimo crecimiento demográfico, del que nos dan cuenta algunas fuentes de la época. Una de ellas fue la crónica de la que es autor el judío italiano Mosheh Bassola. Desde el punto de vista económico, Safed sobresalió a lo largo del siglo XVI como centro de un activo comercio de grano y de productos textiles entre Palestina, Siria y Líbano, así como por su industria textil, lo que abría enormes posibilidades a artesanos y pequeños mercaderes. Esta manufactura textil proporcionaba trabajo a miles de judíos y representaba la principal fuente ingresos de la comunidad, pues existía una enorme demanda de la que era su u principal especialidad, los tejidos teñidos, en la que eran maestros los judíos sefaradíes que se fueron al Imperio Otomano. La materia prima la obtenían de la lana de oveja y cabra así como del algodón que se hallaban en la Galilea. Los exiliados españoles y sus descendientes desarrollaron el centro espiritual en que se convirtió Safed. Cuando llegaron sólo había allí una pequeña comunidad, pobre y dividida. Según el historiador Jacob Barnai, gracias al rabino Joseph Saragosi, una persona bondadosa y pacífica venida de España, no solo se ligró la reorganización de la comunidad, sino también establecer relaciones pacíficas y armoniosas con los musulmanes. Residieron en Safed algunas de las figuras más destacadas del pensamiento judío de su tiempo, como el cabalista ashkenazí Rabí Isaac Luria, cuyas ideas influyeron profundamente en la evolución del misticismo judío; o el toledano Rabí Yosef Caro (1488-1575), codificador talmúdico y autor del Shuljan Aruj (= Mesa Tendida), una recopilación abreviada de la ley judía (Halajah) que se convirtió en el código legislativo autorizado para el judaismo ortodoxo.
Residieron allí muchos cabalistas de origen sefardí; entre los más famosos, además de los ya mencionados, se hallaban Rabí Salomón Ha-Levi Alkabetz – autor del “Lejá Dodí” -, Haim Vital y el discípulo de Joseph Caro, Moshé Cordovero. La obra de codificación de Joseph Caro y la kábala de Safed tuvo un gran eco en todas las comunidades judías, e influyó considerablemente en la producción religiosa y en la vida espiritual del pueblo judío en el curso de las generaciones posteriores. Y esta historia continúa…