El libro de Eijá o Lamentaciones (3ª parte): las cinco Lamentaciones y su enseñanza

HABLEMOS DE LA BIBLIA, CON IRIT GREEN – Lamentaciones

Capítulo 4

1 (Álef) ¡Cómo se ha deslucido el oro, | cómo ha cambiado el oro más puro!;

las piedras sagradas se han esparcido | por las esquinas de las calles.

2 (Bet) Los hijos de Sión, los honorables, | valiosos como el oro fino,

son considerados como cacharros de barro, | obra de alfarero.

3 (Guímel) Hasta los chacales ofrecen las ubres | y amamantan a sus cachorros;

pero la hija de mi pueblo se ha vuelto cruel | como los avestruces del desierto.

4 (Dálet) A los niños de pecho | se les pega la lengua al paladar por la sed;

los pequeños piden pan, | y no hay quien se lo dé.

5 (He) Los que comían manjares exquisitos | desfallecen por las calles;

los que se habían criado entre púrpuras | se revuelcan en la basura.

6 (Vau) La culpa de la hija de mi pueblo | es más grave que el pecado de Sodoma,

que fue derribada en un momento | sin que mano alguna la tocara.

7 (Zain) Brillaban sus consagrados más que la nieve, | blanqueaban más que la leche;

su cuerpo era más rojo que el coral, | su aspecto como el zafiro.

8 (Jet) Ahora están más negros que el carbón, | no se los reconoce por las calles;

su piel se ha pegado a sus huesos, | está seca como la leña.

9 (Tet) Más suerte tuvieron los muertos a espada | que las víctimas del hambre,

que caen extenuadas | por la falta de alimento.

10 (Yod) Manos de piadosas mujeres | cocieron a sus hijos;

ellos fueron su alimento | mientras caía la hija de mi pueblo.

11 (Kaf) El Señor apuró su furor, | derramó el ardor de su ira;

prendió un fuego en Sión | que devora sus cimientos.

12 (Lámed) Nunca creyeron los reyes de la tierra, | ni los habitantes del orbe,

que adversarios y enemigos | entrarían por las puertas de Jerusalén.

13 (Mem) Ocurrió por los pecados de sus profetas | y las culpas de sus sacerdotes,

que derramaron en medio de ella | sangre inocente.

14 (Nun) Como ciegos vagaban por las calles, | manchados de sangre,

sin que nadie pudiera | tocar sus vestidos.

15 (Sámek) «¡Apartaos! ¡Impuro! —les gritaban—. | ¡Apartaos, apartaos! ¡No toquéis!».

Y al huir errantes por las naciones, | les decían: «¡Marchaos de aquí!».

16 (Pe) El rostro del Señor los ha dispersado | y no volverá a mirarlos;

no se respeta a los sacerdotes, | nadie se compadece de los ancianos.

17 (Ayin) Nuestros ojos se consumían | aguardando una ayuda, ¡vana ilusión!;

desde nuestras atalayas oteábamos a un pueblo | incapaz de socorrer.

18 (Sade) Acechaban nuestros pasos | y no podíamos caminar por nuestras plazas;

se acercaba nuestro final, se nos agotaba el tiempo; | sí, llegaba nuestro fin.

19 (Qof) Nuestros perseguidores, | más rápidos que las águilas del cielo,

nos hostigaban por los montes, nos tendían emboscadas en el desierto.

20 (Res) El que era nuestro aliento, el Ungido del Señor, | ha caído apresado en sus fosas;

aquel de quien decíamos: | «¡A su sombra viviremos entre las naciones!».

21 (Sin) ¡Alégrate y salta de júbilo, hija de Edón, | que moras en la tierra de Us!;

también a ti llegará la copa, | te embriagarás y quedarás desnuda.

22 (Tau) Expiada está tu culpa, hija de Sión; | el Señor no volverá a desterrarte;

juzgará tu culpa, hija de Edón, | y dejará al descubierto tus pecados.

Capitulo 5

1 Recuerda, Señor, lo que nos ha sucedido, | contempla y mira nuestra vergüenza.

2 Nuestra heredad ha pasado a extraños, | nuestras casas a extranjeros.

3 Hemos quedado huérfanos, sin padre, | nuestras madres, como viudas.

4 Bebemos nuestra agua a cambio de plata, | compramos nuestra leña pagando su precio.

5 Nos persiguen, están encima de nosotros, | estamos cansados, no encontramos reposo.

6 Hemos tendido la mano a Egipto, | a Asiria para saciarnos de pan.

7 Nuestros padres pecaron y ya han muerto, | y nosotros cargamos con sus culpas.

8 Estamos dominados por unos esclavos, | y nadie nos libera de su mano.

9 Arriesgamos la vida por nuestro pan, | desafiando la espada en el desierto.

10 Nuestra piel abrasa como un horno, | por los ardores del hambre.

11 Violaron a las mujeres en Sión, | a las doncellas en las ciudades de Judá.

12 Colgaron a los príncipes de las manos, | los ancianos no han sido respetados.

13 Los jóvenes tuvieron que mover el molino, | y los niños desfallecían bajo los haces de leña.

14 Los ancianos ya no acuden a la puerta, | los jóvenes han olvidado sus cantares.

15 Ha cesado la alegría de nuestro corazón, | nuestra danza se ha convertido en lamento.

16 Ha caído la corona de nuestra cabeza, | ¡ay de nosotros, que hemos pecado!

17 Por eso está abatido nuestro corazón, | por todo esto se nos nublan los ojos.

18 Porque el monte Sión está desolado, | los zorros se pasean por él.

19 Pero tú, Señor, permaneces por siempre, | tu trono de generación en generación.

20 ¿Te olvidarás de nosotros para siempre, | nos abandonarás perpetuamente?

21 Haznos volver a ti, Señor, y volveremos, | renueva nuestros días como antaño.

22 Aunque nos hayas despreciado inmensamente | y tu enojo contra nosotros haya sido muy grande.

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