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‎23 Elul 5779 | ‎23/09/2019

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Los judíos de Oriente (9ª parte): los destinos divergentes del judaísmo en la diáspora y el cristianismo

Los judíos de Oriente (9ª parte): los destinos divergentes del judaísmo en la diáspora y el cristianismo

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – Antes de continuar nuestra marcha acompañando a los judíos en los lugares en que van a continuar su existencia, queremos detenernos para analizar lo que significó el surgimiento del cristianismo para el judaísmo y las diferencias que se establecerán entre ambos. Para ello nos basaremos en uno de los historiadores más importantes que se ocupó de este período, Peter Brown, en su libro “El cuerpo y la sociedad”. Para este historiador, el creador u organizador del cristianismo, Pablo de Tarso, era un judío de la diáspora que hablaba griego que reclutó en torno a sí a muchos de los paganos que se sentían atraídos “por las impresionantes sinagogas judías de sus ciudades”.
En esa nueva religión que Pablo ha creado, a sus nuevos seguidores “no se les obligaba a llevar ninguna señal física, ni siquiera la circuncisión”, no había ninguna exigencia ni diferenciación en cuanto a la alimentación, no había alimentos puros o impuros. No había ninguna diferenciación entre días santos y profanos. Citamos exactamente: “En las ciudades de la diáspora, el judaísmo seguía atrayendo a los paganos precisamente porque era una religión antigua y tan puntillosa como la propia. Los judíos observaban el ritmo solemne de las grandes festividades. Se apegaban a códigos de pureza. Daban a hombres y mujeres la oportunidad de aproximarse, de manera disciplinada y reflexiva a las ´cosas que ocupan un lugar entre la naturaleza y la cultura, medio silvestre y medio civilizados’. […] Lejos de ser repugnantes a los paganos, muchas de las observancias judías […] ganaron un merecido respeto por parte de los defensores de una religión solemne y con mucho tiempo de vigencia. Fueron los paganos conversos y no los judíos locales quienes presionaron a Pablo para que adoptara las costumbres judías. Deseaban ser como los judíos”.
Para Brown, el año 150 marca el punto de irreversible bifurcación de caminos entre el judaísmo y cristianismo. “Con la destrucción del Templo y el reforzamiento de la sinagoga y casa de estudios, el judaísmo se apresuraba a convertirse en la religión del libro y de la familia matrimonial santificada. Transmitida por varones eruditos a adolescentes devotos, en casas de estudio no muy distintas de las escuelas vecinas de los filósofos paganos, la Ley seguía hablando al mundo con su antigua solemnidad. […] En el judaísmo, la Ley pesaba por igual sobre todos los aspectos de la persona humana. Exigía una reverente atención a las cosas que todos los seres humanos tenían que compartir: la comida, el tiempo y el matrimonio. […] Cuando consiguieron ir entrando por primera vez en Galilea después de 132 como refugiados de la última y más terrible devastación de Judea por los romanos, los primeros rabinos […] en aquel momento habían elegido la continuidad de Israel. No tenían la menor intención de acercar la hora del fin del mundo rompiendo con el matrimonio, que es el medio normal mediante el que una comunidad asegura su supervivencia. Durante todo el siglo II fueron personas excepcionales, ordenadas como un ejército, que aborrecían a los ignorantes. Pero no renunciaron a la única institución que compartían con todos los demás judíos. Sostuvieron con firmeza que la vida del cabeza de familia casado, la de padre de sus hijos, era la única vida apropiada para los guías espirituales de Israel. […] Los dirigentes autonombrados del judaísmo y sus patrocinadores menos estudiosos, los notables locales y los mecenas de las sinagogas a todo lo ancho de la diáspora, llegaron a dar por supuesto que vivían en un mundo que no iba a desvanecerse”.
Este muy breve texto pretende dar cuenta de algunas de las diferencias que separaron para siempre a judíos y cristianos, pero también del prestigio y la importancia que tenía el judaísmo como religión original para aquellos que deseaban convertirse e integrarse en él. El destino del judaísmo en el curso de los siglos y de los lugares en que vivió estuvo determinado en cierto modo por las disputas que tendrán lugar en ese momento y en la elección del cristianismo como religión oficial del Imperio Romano. Y esta historia continuó…