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‎22 Sivan 5779 | ‎24/06/2019

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¿Hablamos del mismo Dios? de Raimon Panikkar y Pinchas Lapide, con Ignasi Moreta

¿Hablamos del mismo Dios? de Raimon Panikkar y Pinchas Lapide, con Ignasi Moreta

SEFER: DE LIBROS Y AUTORES – Pinchas Lapide, exégeta judío, y Raimon Panikkar, filósofo y sacerdote cristiano, hindú, budhista y secular, dialogan en profundidad sobre Dios, pero también sobre el ateísmo, el fundamentalismo, el mal, la Biblia, las escrituras védicas o la mística en ¿Hablamos del mismo Dios? (Fragmenta Editorial), un libro del que charlamos con su editor Ignasi Moreta.

En un «viaje hacia el otro» los visionarios Lapide -discípulo de Martin Buber- y Panikkar se adelantan a las controversias y retos de nuestro tiempo, con impagables reflexiones perfectas para aquellos que, afirma Moreta, «deseen vivir su espiritualidad de forma madura».

«Existe una máxima rabínica según la cual cada controversia tiene, si se mira en profundidad, tres caras: la tuya, la mía y la cara correcta. Haciéndose suya esa sentencia, Pinchas Lapide, judío, y Raimon Panikkar, cristiano, hindú, buddhista y secular, dialogan en profundidad sobre Dios, pero también sobre el ateísmo, el fundamentalismo, el mal, la Biblia, las escrituras védicas o la mística.

«Todo lo que podemos decir sobre Dios no es más que un balbuceo impotente que en el mejor de los casos sale a su encuentro, pero que no puede alcanzarlo. ¿De qué Dios estamos hablando, pues?», se pregunta Pinchas Lapide. Raimon Panikkar advierte: preguntarse si las distintas religiones hablan del mismo Dios puede dar a entender que Dios es una cosa en sí de la cual se puede hablar en tercera persona. Recogiendo el pensamiento de Martin Buber, el filósofo catalán defiende hablar de Dios en segunda persona: Dios es un tú, nunca un yo o un él.

En el prólogo de la obra, Lapide reflexiona sobre la prohibición bíblica de las imágenes de Dios y sobre la necesidad de que las religiones dialoguen entre ellas desde el convencimiento de que este mundo no es ni sano ni insano, sino sanable. En el epílogo, Panikkar repasa la evolución de su imagen de Dios a través de un estimulante relato autobiográfico».