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‎9 Heshvan 5781 | ‎27/10/2020

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Imperialismo europeo y antisemitismo político (6ª parte): judíos de Marruecos en Argentina

Imperialismo europeo y antisemitismo político (6ª parte): judíos de Marruecos en Argentina

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – Los judíos de Marruecos representaron en Sudamérica una pequeña fracción de las migraciones sefardíes y éstas de las judías en su conjunto, y fueron un ejemplo único para comprender las corrientes migratorias reducidas e independientes en relación a las grandes oleadas que tuvieron lugar a fines del siglo XIX. Hasta 1880 la mayoría de los desplazamientos judeomarroquíes tuvieron como destino Brasil, además de España, Gibraltar y Orán (Argelia). A partir de esta fecha la América hispana se transformó también en un lugar interesante para los que venían del Marruecos español. De este modo surgió la inmigración judeomarroquí a Argentina, Venezuela, la selva amazónica del Perú y a Colón, en Panamá. Otros grupos se asentaron en Paramaribo (Surinam) y en ciudades de los Estados Unidos como Nueva York, Filadelfia y Baltimore. Iquitos, en la Amazonia peruana, constituyó un destino importante y muchos de los nuevos pobladores eran representantes de compañías brasileñas o europeas en la explotación del caucho.

En Argentina, como nos cuenta la profesora Epstein, los marroquíes fueron el primer grupo de judíos sefardíes llegados al país y se anticiparon casi una década a la gran oleada ashkenazí. Según señala Diana Epstein de la Universidad de Buenos Aires, al igual que en Brasil, los emigrados provenían de ciudades del norte de Marruecos, como Tánger y Tetuán, y también de Larache y Arcila. Pero en Argentina también aparecen algunos originarios de Rabat. De acuerdo a la misma autora, además de la migración espontánea arribó un pequeño grupo compuesto por maestros marroquíes recibidos en la Alliance Israelite Universelle. El objetivo de este contingente, contratado por la Jewish Colonization Association, parece haber sido enseñar el idioma a los judíos ashkenazíes del interior del país. Aunque algunos optaron por instalarse en la capital, especialmente en la zona sur (en los alrededores de los barrios de San Telmo, Concepción y Montserrat), la mayoría se dispersó hacia los centros urbanos del interior, para radicarse sobre todo en la zona del litoral (provincias de Santa Fe y Entre Ríos), o en Córdoba y el Chaco, hecho en el que reside otra característica que los diferencia del resto de las inmigraciones judías llegadas al país.

Los judíos marroquíes llegados a Argentina provenían de ciudades marroquíes en las que se hablaba castellano. A consecuencia de la movilidad económica y social que vivía Argentina en el último tercio del siglo XIX, los primeros inmigrantes provenientes de Marruecos lograron una sólida posición económica junto con un alto prestigio social dentro de su grupo de pertenencia. Esta situación estuvo acompañada por una rápida integración a la sociedad argentina, estimulada por la invisibilidad que les daban sus apellidos y su lengua materna, el castellano. Algunos de sus integrantes lograron inclusive considerables fortunas, y de ellos surgirá una elite que impulsará la construcción de sus asociaciones. Probablemente como consecuencia de la antigüedad de su establecimiento en el país, crearon todas sus instituciones antes de 1920 y organizaron la primera comunidad específicamente sefardí reconocida oficialmente en Argentina. Las familias que lograron cierto capital colaboraron al fortalecimiento de los vínculos comunitarios y a la conducción de las entidades que cohesionaron al grupo étnico. Los marroquíes se fueron agrupando con el propósito de recibir ayuda benéfica, para celebrar oficios religiosos y funerarios y también con fines sociales. Paulatinamente se estableció una armazón de redes familiares que transmitieron a sus descendientes, la pertenencia al sector hegemónico de la comunidad y al manejo de estas asociaciones. El proceso de ascenso social siguió diversos caminos. En muchos casos comenzaron como vendedores ambulantes; más tarde, quienes poseían cierta capacidad de ahorro se establecieron como pequeños comerciantes. En general, abrieron tiendas de venta de ropa y prendas de confección; posteriormente algunos de ellos construyeron riqueza y fortuna. Y esta historia continúa…