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‎19 Tishri 5780 | ‎18/10/2019

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“La barrera invisible (Gentleman’s Agreement)” (1947), de Elia Kazan (EE.UU.)

“La barrera invisible (Gentleman’s Agreement)” (1947), de Elia Kazan (EE.UU.)

FILMOTECA, CON DANIELA ROSENFELD –

Guion: Moss Hart. Reparto: Gregory Peck, Dorothy McGuire, Celeste Holm, John Garfield, Anne Revere, John Havoc. Premios: Oscar: Mejor película, Mejor director, Mejor actriz secundaria (Celeste Holm). Globos de Oro: Mejor película, Mejor director, Mejor actriz de reparto (Celeste Holm). Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película, Mejor director

Un escritor llamado Schuyler Green (Gregory Peck), Phil para los amigos, viudo, se traslada con su madre y su hijo pequeño de California a Nueva York para trabajar en una serie de artículos que le ha encargado una prestigiosa revista de gran tirada. Los artículos han de tratar sobre el antisemitismo en los Estados Unidos, un tema que en principio no le entusiasma mucho porque piensa que está condenado al fracaso desde el principio y no se ve capaz de aportar nada nuevo que no se haya dicho ya. Sin embargo, el que su hijo de 10 u 11 años no sepa qué es eso del antisemitismo, le ayuda a emprender el trabajo con renovado interés. Mientras comienza a salir con la sobrina del editor de la revista, Kathy (Dorothy McGuire), le escribe una carta a su amigo David Goldman (John Garfield), que es judío, para que éste le cuente qué siente ante determinadas situaciones. Pero luego se da cuenta que lo mejor para saber qué siente un judío es “ser” un judío, así que empieza a hacerse pasar por tal en todas partes, ayudado por su madre, el editor y su novia, que son los únicos que están en el secreto.
Una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, la “temática judía” se situó en la encrucijada de múltiples reflexiones que iban desde el campo de la Filosofía o la Historia hasta el propio Arte, como es el caso de la película que nos ocupa, estrenada sólo dos años después del fin del conflicto bélico. Consciente de lo que estaba en juego, Elia Kazan se tomó su tiempo a la hora de plantear el conflicto principal de una película realmente poliédrica. Kazan se muestra muy crítico con el ser humano y cuestiona las diferencias entre su comportamiento como individuo y como integrante de la sociedad.
“La barrera invisible” será recordada es por ser una de las primeras obras de Hollywood que se atrevió a denunciar el antisemitismo de forma directa y levantó bastante polémica en su estreno; de hecho no fueron pocos los que aconsejaron tanto al productor Darryl Zanuck como al director Elia Kazan que abandonaran el proyecto (irónicamente, Zanuck debía ser de los pocos productores no judíos que había en Hollywood). La película además hacía mención explícita a tres antisemitas bastante conocidos en los Estados Unidos por entonces y atacaba no sólo a la gente que despreciaba abiertamente a los judíos sino a esa mayoría silenciosa que desaprueba el antisemitismo pero que luego no pone en práctica sus creencias. Hay que mencionar la gran valentía de todos los que se involucraron sabiendo que era un tema bastante espinoso, aún cuando la opinión popular norteamericana hacia el pueblo judío empezaba a cambiar tras descubrirse la masacre que perpetraron los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
La película cobra cierto interés al final, cuando empieza a tratar la ambigüedad de posicionamiento del personaje de Kathy, que es el tipo de personas a los que se quería dirigir el film: aquellos que dicen aceptar a los judíos, pero luego consienten que exista esa discriminación. Kathy es la clásica persona progresista que apoya la idea de que su prometido lleve a cabo una empresa tan valiente, pero que no quiere aceptar las consecuencias, por ejemplo intentando que en una fiesta que celebra con sus amigos se sepa que no es judío realmente para evitar problemas. No es antisemita por eso, simplemente no quiere implicarse tanto en el problema hasta el punto de que le afecte en su vida privada. En cierto momento Kathy dice una frase muy sincera y reveladora que refleja su forma de pensar: ella le dice a Philip que está harta de sentirse culpable y que no puede evitar estar contenta de ser cristiana y no judía, del mismo modo que uno está contento de ser guapo y no feo, simplemente porque es la opción que ofrece menos problemas.
En el momento en que se empieza a agotar la perspectiva del periodista que se hace pasar por judío, Kazan introduce una pieza clave en este complejo engranaje, que le permite mantener la intensidad de la narración y da un impulso moral a la cruzada de Philip. Se trata de un amigo de toda la vida que sí es judío, y expone con total credibilidad y una mayor legitimidad moral las consecuencias de serlo en la sociedad americana de los años 40. El siempre comprometido John Garfield construye un Dave convincente y carismático, convirtiéndose en uno de los personajes principales del film.