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‎14 Tammuz 5779 | ‎16/07/2019

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La ropa de la traición

La ropa de la traición

LA PALABRA – No es la primera vez que dedico una columna a singularidades del idioma hebreo. Nuestro “alefato” tiene muchas coincidencias con el abecedario, pero también llamativas diferencias: los sonidos 1º (a), 2º (b) y 4º (d) son los mismos, pero algo les pasó a los romanos para sustituir la guimel hebrea y su homóloga griega gamma por la c. Como saben, el hebreo se construye en torno a una sucesión de letras llamadas raíces, generalmente tres, a las que se suman otras auxiliares y vocales no escritas para su pronunciación. El hebreo moderno deriva del usado en los textos bíblicos que, si bien incluye miles de combinaciones, no todas poseen un significado.

Uno de los casos singulares (el único que he descubierto, pero puede que haya más que no detectase) es cuando las tres letras radicales se encuentran consecutivamente en el alefato. El caso que traigo aparece bien al principio: Bet – Guimel – Dalet, es decir las letras que ocupan los puestos segundo, tercero y cuarto (y que, consecuentemente, en numerología, tienen asignados los valores 2, 3 y 4, que suman 9, que cualquier kabalista principiante les relacionará con las lunas o meses de gestación). Sin embargo, la raíz BeGueD tiene dos significados aparentemente muy alejados entre sí, y que tampoco muestran relación evidente alguna con la citada creación o multiplicación de la especie humana. Bégued significa, por una parte, ropa (y sus variantes disfraz, uniforme, etc.) y, por otra, traición (boguéd, bguidá, etc.). En la historia judía el nombre Bogdán (literalmente, traidor o traicionero) está unida al nombre propio del cosaco ucranio apellidado Jmelnitski, “inventor” de los pogromos en el siglo XVII, aunque en Internet aparece como nombre hebreo que significa “regalo de Dios”, aberración que en otros sitios atribuyen a un origen eslavo.

El hebreo tiene además una de esas abreviaturas mnemotécnicas en las que intervienen las letras apuntadas: se denomina “BeGueD KeFeT” a la secuencia alfabética de seis letras hebreas que tienen dos formas de pronunciarse, aunque en el Israel actual algunas de estas diferencias fonéticas han quedado relegadas a grupos de determinados orígenes étnicos, como la que existe entre el sonido B suave y otro más fuerte (de hecho, esta diferenciación sí que es perceptible entre los abundantes miembros de las comunidades actuales de España originarios de Marruecos y la zona del Protectorado, cuyo “shabat” o mejor “shabbat”, suena casi a “shapat”). Entre los ashkenazíes más tradicionales, la T final de la misma palabra suena casi a S, “shabbes”. Sobre la letra del sexteto que no hay discusión de su sonido es la F o P, la misma que convierte a Palestina en la Falestín de los árabes.

Conclusión: a veces ni la numerología, ni el orden en el alefato, ni los significados usuales evidencian algún origen común, a menos que antiguamente reconocieran a los traidores ya por su estilismo.

Jorge Rozemblum

Director de Radio Sefarad