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‎17 Elul 5779 | ‎17/09/2019

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Los orígenes de Ashkenaz (23ª parte): Polonia y el desarrollo de las comunidades judías

Los orígenes de Ashkenaz (23ª parte): Polonia y el desarrollo de las comunidades judías


MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – Con el surgimiento de Polonia y el paso de los siglos se configuró la margen oriental de la cristiandad occidental, que ocupaba un espacio entre el Este y el Oeste, y por el cual la mezcla de culturas, costumbres y tradiciones de Europa Occidental y Oriental dejó su marca en la cultura polaca. Uno de los rasgos más sorprendentes de Polonia fue el pluralismo étnico y religioso de su sociedad y de su cultura. La expansión hacia el este de Polonia a mediados del siglo XIV puso a miles de rutenos ortodoxos bajo la dominación de la monarquía polaca. La migración de los judíos de Europa Occidental a Polonia, que comenzó en el siglo XII y se intensificó más tarde, hizo de Polonia la sede de la mayor concentración de judíos en Europa y un centro de gran importancia del judaísmo.
En la Edad Media, la mayoría de los pueblos y aldeas polacas estaban habitadas por numerosas minorías de germanos, que habían contribuido a su crecimiento económico. Introdujeron nuevos códigos legales e instituciones que sentaron las bases para la autonomía de las ciudades polacas. Éstas estaban situadas a lo largo de las rutas comerciales internacionales que se convirtieron en lugares de asentamiento para los escoceses, italianos, y armenios. Los miembros de todas las minorías étnicas desarrollaron la elaboración de artesanías y el comercio a ambos niveles, locales e internacionales. Los gobernantes polacos valoraron su rol en la prosperidad creciente del estado y les otorgaron privilegios especiales que aseguraban su diversidad étnica y religiosa. En los días previos a la era moderna, Polonia (o mejor dicho la Mancomunidad de Polonia y Lituania) era un país con grandes rasgos de diversidad donde diferentes grupos étnicos y religiosos convivían juntos en paz. Una larga tradición de convivencia pacífica entre las diversas religiones cristianas y no cristianas dio lugar a la aceptación y la cooperación mutua, que funcionaba bien, incluso en el período de la Reforma Protestante.
En Polonia, después de la anarquía de las guerras y las invasiones de los mongoles, se produjo la consolidación de la autoridad de la nobleza en los diferentes territorios. Los privilegios de la aristocracia, como una clase, se establecieron gradualmente y de modo definitivo. La posesión de tierras era la condición básica para tener un título de nobleza y el escudo de armas. Toda actividad lucrativa era degradante y atentaba contra la condición nobiliaria, por lo tanto el control del comercio cayó en manos de los colonos alemanes, que acudían a las ciudades. La burguesía que se conformó era de origen extranjero, y nunca obtuvo derechos políticos, quedando celosamente excluidos de toda participación en el gobierno.
Con el siglo XIV, el peligro de otra invasión germánica parece haber demostrado a la nobleza polaca lo necesario que era centralizar la autoridad y que, en ese caso, debía estar en manos de la corona o monarquía. Los Caballeros Teutónicos, originalmente llamados para cristianizar a los paganos prusianos, aumentaron su control sobre el Vístula inferior. Los polacos hicieron un gran esfuerzo para sacar a Pomerania de sus manos y así llegaron a una guerra que debe haber sido prevista como inevitable. Los polacos se aliaron con los lituanos, los Caballeros se unieron con Bohemia, y el conflicto tuvo un mal fin para Polonia.
La lucha fue abandonada con la llegada de Casimiro al poder, que llevó a cabo una inteligente política de gobierno. Casimiro (1333-1370) abandonó la unidad con los aliados. Les dejó la Silesia a los bohemios y Pomerania a los Caballeros. Sin embargo, buscó compensar estas pérdidas marchando hacia el este, aprovechando la lamentable condición en que se hallaban los rusos, sometidos al yugo de los tártaros o mongoles. Llevó el ejército polaco hasta el rio Bug en Rusia occidental para establecer su dominación sobre el valle de este río. Pero lo que no sabía es que había agregado un agravio y una ofensa más a la lista de agresiones que sumaban los rusos en su suelo a su orgullo herido para que en su momento estos se tomaran su esperada venganza.
En los siglos XIV y XV las condiciones que ofrecía Polonia para los judíos, como ya se ha dicho, atrajeron a muchos más desde el oeste. Con el aumento de esta población se convirtieron en una minoría visible en la mayoría de pueblos y ciudades en Polonia, donde había una especial “calle judía”, en la que se ubicaban las instituciones fundamentales de la existencia judaica, la sinagoga, la mikve para los baños rituales, el hospital, la escuela, el hospital y el cementerio. Todas estas instituciones conformaban la kehilá. Durante ese tiempo la ocupación principal de los judíos polacos fue el comercio local y de larga distancia. Los judíos realizaron el papel de intermediarios en el comercio entre las colonias genovesas, venecianas y amalfitanas del Mar Negro, Turquía, Polonia y Hungría. También participaban en el comercio del Báltico y en Silesia. Debido a sus vínculos con las comunidades judías de otras regiones así como a su gran experiencia en las actividades mercantiles y en el préstamo, los comerciantes judíos tenían ventaja sobre los comerciantes locales, tanto en el comercio europeo como en el extranjero. Por esa razón y por las protestas de los ricos burgueses polacos y el clero, se redujo toda la cuestión de las operaciones de crédito realizadas por los judíos a principios del siglo XV. En 1423 el estatuto de Warka prohibió a los judíos la concesión de préstamos contra cartas de crédito o hipotecas.
El capital acumulado fue invertido en arrendamientos. En los siglos XIV y XV los prestamistas y mercaderes que habían sumado importantes riquezas con estos negocios, arrendaron la renta real, las minas de sal y la recolección de peajes y aduanas. Los más conocidos de ellos fueron Jordan y su hijo Lewko de Cracovia en el siglo XIV y Jakub Slomkowicz, Wolczko de Drohobycz, Natko de Lvov, Samson de Zydaczow, Josko de Hrubieszow y Szania de Belz en el siglo XV. Wolczko de Drohobycz llegó a ser agente del rey Ladislaus Jagellon, tuvo varias aldeas en la región rutena y fue administrador de la aldea de Werbiz. También los judíos de Grodno eran en esa época los dueños de pueblos, señoríos, prados, estanques y molinos. Sin embargo, hacia fines del siglo XV la agricultura tenía un papel menor como fuente de ingresos entre las familias judías adineradas. Más importantes era la producción de manufacturas para satisfacer las necesidades de sus correligionarios y de la población cristiana en general tales como el curtido y la confección de pieles, cueros, zapatos, telas y vestidos.
El rey Casimiro estimuló nuevas corrientes inmigratorias a Polonia de migrantes judíos permitiendo el asentamiento judío con el ofrecimiento de la protección real. Primero la población judía de la segunda mitad del siglo XIV se instaló en Luvov (1356), Sandomierz (1367), Kazimierz, cerca de Cracovia (1386) y varias otras ciudades. En el siglo XV los judíos aparecieron en muchas ciudades de la gran Polonia, la Polonia pequeña, Pomerania y Rutenia. En el 1450 las ciudades polacas dieron albergue a los refugiados judíos de Silesia que entonces estaban gobernados por los Habsburgo.
La ampliación del alcance de la actividad económica realizada por los judíos desató una competencia muy aguda entre mercaderes judíos y cristianos. Por esa razón en el siglo XIV estallaron ataques antijudíos en Silesia, que estaba gobernada por la dinastía Bohemia germana de los Luxemburgo. Alcanzaron su punto culminante durante las epidemias de la peste negra cuando, como antes en Europa occidental, los judíos fueron acusados del envenenamiento sistemáticamente de los pozos y las aguas. En 1349 tuvieron lugar ataques en muchas ciudades y pueblos de Silesia, buscando refugio de la persecución en Polonia algunos de estos judíos así como los judíos expulsados de países de Europa occidental. Y esta historia continuará…