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‎16 Kislev 5780 | ‎14/12/2019

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Sefarad: exilio y clandestinidad (4ª parte): Cristianos Nuevos, cripto-judíos o marranos, herencia del mismo drama

Sefarad: exilio y clandestinidad (4ª parte): Cristianos Nuevos, cripto-judíos o marranos, herencia del mismo drama

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – En esta larguísima historia de las diásporas que venimos desarrollando en este importante espacio que nos brinda Radio Sefarad, si hay algo en que hemos insistido permanentemente, es en la cuestión sobre que el destino, venturas y desventuras, pesares y alegrías de los judíos no han tenido lugar en un contexto en donde han sido los únicos protagonistas. No es posible comprender muchas de las cosas que han sucedido por esa época si no intentamos establecer la relación que existen entre las cosas que les pasaron a los judíos expulsados de los dominios de los Reyes Católicos y los hechos que cambiaron la historia del mundo. Y de eso es de lo que nos ocuparemos en esta ocasión.
Los historiadores Ruggiero Romano y Alberto Tenenti consideran que los descubrimientos realizados por portugueses, genoveses y españoles fueron “…la que tal vez sea la más extraordinaria aventura de la historia de Europa: la proyección de sus hijos en el mundo”. Ellos consideran que los momentos culminantes de esta época tuvieron lugar en1492, con la llegada de Colón a América, con el viaje de Vasco Da Gama en 1497-8 y con la vuelta al mundo de Magallanes. Anteriormente ya se había producido en siglo XIV la llegada de los genoveses a las Islas Canarias y luego a Madeira en 1341. Para colocar las cosas en su debida proporción debemos contar con el aporte de otra fuente, sobre quienes fueron esos genoveses: “En los siglos XIII y XIV los marinos genoveses navegaban libremente en todos los mares conocidos en aquel tiempo, adquiriendo conocimientos y comerciando con los pueblos costeros donde atracaban. Capitaneando sus propias embarcaciones o al mando de barcos extranjeros, enseñaban el arte de la navegación a tripulaciones mixtas, compuestas en su mayoría por íberos. Eran sin lugar a dudas los mejores navegantes del mundo occidental, no sólo conocían cada puerto y refugio del mediterráneo. Salían del actual Estrecho de Gibraltar para desembocar en el océano Atlántico para ir a Portugal, a los países bajos y a Inglaterra. Poseían conocimientos técnicos náuticos, astronómicos y matemáticos muy avanzados para aquel tiempo. Además tenían instrumentos técnicos más avanzados y en cantidad mayor que los que poseían otras poblaciones. Que unido a su enorme experiencia, los convertían en marinos muy superiores en muchos aspectos en comparación a las demás. Además tenían relaciones con los árabes, y había comerciantes genoveses que vivían en África y en Oriente, y que mandaban informes importantes a la república de Génova, que confirmaban que se podían comunicar los dos océanos que bañaban las costas opuestas del continente africano. Los navegantes genoveses no le daban importancia a las tempestades del misterioso océano atlántico, al calor ecuatorial o a los monstruos marinos” . Añadimos nosotros que en la península de Crimea, a orillas del Mar Negro había una importante colonia genovesa, con una gran fortaleza llamada Cafa, en el siglo XIV. Entre otros objetivos lo que se proponían los genoveses era llegar a las fuentes primarias del oro sahariano eliminando todo posible intermediario.
Posteriormente entre los siglos XIV y XV comienza la penetración lusitano-genovesa en Marruecos, seguida de las exploraciones de las costas africanas por los portugueses. Romano y Tenenti afirman que los lusitanos eran extraordinariamente audaces y admirables por su prudencia, en 1434 en Cabo Bojador, en 1444 en Cabo Verde. Además sostienen que la verdadera conquista no comienza hasta alrededor de 1510-1520. Cuando irrumpen los españoles, entre ambos, se repartirán un mundo inmenso, incógnito y apenas conocido. El historiador judío David B. Ruderman considera que, desde la perspectiva histórica, los grandes desplazamiento de poblaciones enteras dentro de las fronteras nacionales existentes por esa época, la modernidad temprana, o a través de territorios y océanos, cambiarán no sólo la historia de Europa, sino también la del mundo. Las expulsiones de la Península Ibérica provocaron grandes movimientos migratorios de los judíos exiliados desde fines de los siglos XV, XVI y XVII. Se mezclaron con otras poblaciones judías residentes en el Imperio Otomano y en Italia, también en las de Africa y otras regiones. Esta nueva situación creó tensiones y conflictos en las comunidades en que se establecieron provocando muchos cambios y transformaciones en la vida de todos ellos.
Por otra parte, la movilidad, la trashumancia, fue una condición esencial de los refugiados conversos que debieron hallar lugares para poder vivir con cierta tranquilidad respecto a sus identidades ocultas. Se fueron al sur de Francia, a Ámsterdam, Hamburgo. Cruzaron el Océano Atlántico rumbo a las Indias Occidentales, a Brasil, México y hasta Estados Unidos. El historiador Natán Wachtel nos cuenta que estos cristianos nuevos contribuyeron con la creación de nuevas formas de intercambio porque establecieron redes comerciales en el contexto de los grandes descubrimientos y de la expansión europea, desplegándose a distancias por ese tiempo desconocidas, a escala planetaria. “[…] De la península Ibérica, a partir de Lisboa, la red se articula con el gran eje portugués que se abre en dirección de las Indias orientales, sus lazos se extienden hasta las costas africanas y el continente americano desde donde se prolongan desmesuradamente, hasta las Filipinas y Asia. En Lisboa, la red se articula con el gran eje portugués que se abre en dirección de las Indias orientales, también por las costas africanas y por Goa. De Sevilla y de Lisboa, a menudo por intermedio de miembros de las mismas familias cristianas nuevas, la articulación se efectúa también con Amberes, el principal puerto de distribución durante la mayor parte del siglo XVI para los productos procedentes de regiones lejanas con destino a Europa occidental y central. Y la conexión se sigue realizando cuando Ámsterdam toma el relevo de Amberes, por intermedio de los mismos cristianos nuevos que retornaron al judaísmo. De allí se despliegan también los vínculos hacia Livorno o Venecia, donde desembocan en las otras ramificaciones de la diáspora marrana, en dirección al Cercano Oriente, por la costa dálmata, Salónica y aun Constantinopla. En resumidas cuentas, estas redes contribuyen de manera eminente en la formación del gigantesco proceso de lo que hoy llamamos globalización, que se remonta a esta primera expansión europea”. Y esta historia continúa…