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‎18 Tishri 5780 | ‎16/10/2019

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A nuestros hermanos valientes y sinceros

A nuestros hermanos valientes y sinceros

LA PALABRA – Pese a que muchos judíos pensamos (mejor, sentimos) que nuestra identidad no es ninguna ventaja en el mundo en que vivimos (antisemitismo, anti-israelismo, etc.), hay gente que quiere formar parte de este “nosotros” milenario: algunos, como los bnei anusím (descendientes de judíos forzados a convertirse a otra religión), para recuperar las señas perdidas o al menos enturbiadas por el paso del tiempo y la desconexión de la grey original. Otros, simplemente sienten una “llamada interior” que les empuja a dar el paso de convertirse al judaísmo. Para los descendientes también resulta ser este proceso, en la inmensa mayoría de los casos, la única manera de volver a unas raíces ante la práctica imposibilidad de demostrar documental y fehacientemente la continuidad del linaje matrilineal, y que la conversión original haya sido forzada y no sincera. En el caso ibérico, estamos hablando de al menos 524 años, cuando no más, ya que hubo conversiones forzosas muy anteriores a la Expulsión.
El proceso de conversión (o reconversión) no es nada sencillo, ni rápido, ni indiscutido (como no podía ser menos, tratándose del judaísmo) y varía según las distintas corrientes religiosas, más o menos estrictas en la aplicación de las leyes rabínicas. Su nombre en hebreo es guiúr, que etimológicamente significa “residencia”: el prosélito (ese es el término en español) es un gentil que ha decidido vivir entre y como nosotros. Sea cual sea el procedimiento por el que ha llegado a esta situación, debe considerarse uno más, sin distinciones. Faltaría más: el propio rey David descendía de la conversa Ruth, que tiene meguilá (rollo o libro) propio dentro de nuestra biblia.
A los que somos judíos de cuna y no por elección, esta decisión nos alegra pero personalmente me inquieta, ya que el ser judío no significa solamente una creencia y unos rituales, ni siquiera una pertenencia étnica o racial (basta pasearse por cualquier ciudad israelí para apreciar la tremenda variedad genética de este pueblo), sino cómo te ven los demás: como un poder oculto que conspira para causar todas las desgracias de este mundo (antisemitismo negativo), a quienes piensan que somos los más ricos e influyentes y por eso conviene arrimarse a nuestra sombra (antisemitismo positivo). No por nada antiguamente los rabinos solían rechazar hasta tres veces a los que querían convertirse, para estar seguros de la sinceridad de dar un paso tan significativo para “residir” entre nosotros.
Dicen que cuando éramos los únicos monoteístas todo era más sencillo, porque el judaísmo no tenía competidores por un modelo de fe universal y por ello aún no éramos señalados, perseguidos y masacrados. Saludamos a los valientes y sinceros que han decidido ser nuestros hermanos y compartir nuestro destino.
Jorge Rozemblum
Director de Radio Sefarad