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‎23 Tishri 5780 | ‎22/10/2019

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Judíos en el Madrid medieval

Judíos en el Madrid medieval

SEFARAD PASO A PASO – Anun Barriuso y José Manuel Laureiro, estudiosos de la cultura judía y unos de los colaboradores más antiguos de Radio Sefarad, investigan desde hace años los vestigios y orígenes judíos de Sefarad refiriéndose en este caso a Madrid:

“Siempre se ha dado por seguro, que Madrid fue durante los albores de la Edad Media, una ciudad musulmana y que luego continuó esta influencia hasta bien entrado el siglo XV. Se ha escrito sobre la convivencia de cristianos y musulmanes en la villa, sobre las posibles ubicaciones de la morería, de los restos de lienzo de la muralla árabe, de los posibles baños árabes en la plaza de San Francisco, etc…, pero apenas hay cosas publicadas sobre la presencia judía en Madrid.

Y, como no cejamos en nuestras investigaciones, vamos a meternos en este “berenjenal”; (ya se sabe de la conexión entre los judíos y las berenjenas…).

La verdad es que no hemos encontrado grandes noticias de esta presencia hasta la época de los Reyes Católicos, pero claro, no se puede pensar que los judíos aparecen en Madrid como por arte de magia.

Así en 1481, el Concejo madrileño promulga una orden referida a los judíos y como no podía ser de otra forma, no muy halagüeña para ellos. En ella se les ordena que todos llevasen una “rodela encarnada” sobre el hombro, aunque dicho de la siguiente manera:

“ Que todos los judíos de Madrid et su tierra… ninguno non sea osado de andar syn señales…Esto no se ha de estender a los niños, los quales non han de traer señales.”

También se ordena: “A los carniceros de los judíos e moros non pueden vender carnes algunas a los christianos…salvo sy si fuere por defecto dellos que non den buena carne.”

Pero ese mismo año es también el de las leyes de apartamiento en Castilla, por lo que el Concejo de Madrid, dicta la siguiente norma:

“ Porque la contínua conversación y bivienda mezclada de los judíos y moros con los christianos, nos resultan grandes daños e ynconvenientes…

Hordenamos y mandamos que todos los judíos y moros…tengan sus juderías y morerías distantes e apartadas…e non moren a bueltas con los christianos ni en un barrio con ellos.”

Pero como dice ese refrán castellano, “hecha la ley, hecha la trampa”, encontramos en documentos del propio Concejo con excepciones a las normas. Se autoriza a Rabí Jacó, afamado médico, a no llevar señales distintivas y a vivir en las zonas cercanas a sus nobles pacientes.

Es también curiosa una proclama del Concejo en la que se insta a todos los habitantes de la villa a que participen en las fiestas del Corpus Cristi, y que para ello, “los moros e los judíos saquen el dicho día los moros sus juegos e danzas, e los judíos su danza.”

Lo complicado es situar dónde pudo ubicarse la comunidad judía. Parece que todos los datos localizan unas de las aljamas en torno a la plaza de la Cebada y otra o tal vez la misma, en los alrededores de la plaza de Tirso de Molina.

Hay quien encuentra pistas en la zona castiza de Madrid, en donde a los hombres y a las mujeres se las denominaba “manolos” y “manolas”, por la similitud con el nombre hebreo Emanuel. Según Aradillas, en su libro “Viaje por la España judía”, el barrio judío podría coincidir con el espacio existente entre las actuales calles de Sante Fe, la de Salitre y la plaza de Lavapiés.

Incluso nos asegura haber encontrado testimonios que avalarían la existencia de una sinagoga en la calle Santa Fe. El cementerio judío se ubicaría en “la ladera de Buena Vista mirando al Santuario de Atocha”.

Otros autores sitúan la judería u otra judería en torno a Puerta Cerrada, su perímetro lo formarían las calles Concepción Jerónima, Tintoreros y la plaza de Santa Cruz, actualmente sede del Ministerio de Asuntos Exteriores. También puede darnos alguna pista, la existencia hasta hace pocos años, de topónimos como el Vado de la Judía o el Valle de la Judía o incluso el Arroyo de la Judía.

Los siglos han pasado en nuestra contra y han tapado los pocos vestigios que pudieran quedar, aunque tal vez con un trabajo sistemático y de tipo arqueológico en zonas como la calle de Atocha, calle Cañizares e incluso en la zona de Lavapiés pudiera aportar mucha más información.

Ante la falta de datos fidedignos en este aspecto, imaginemos cómo supuestamente debía de ser la vida cotidiana en este Madrid, previo al edicto de expulsión.

Tal vez, a excepción de los médicos y algún notable, la aljama madrileña no debía ser muy boyante, tal y como se deduce de la ley de Apartamiento que se promulga en 1481; va a tener que ser el Concejo el que deba aportar los medios materiales para ello. Existe un documento que nos dice: “Otrosy, acordaron que, porque los judíos eran muy pobres e miserables y no tenían facultad para fazer casas e cercar el dicho su apartamiento, que la Villa les cerque de dos tapias en alto el dicho apartamiento.”

Además, los judíos madrileños contribuían de manera especial en todo tipo de derramas y tributos. Por ello, en 1482, ordenó el rey Don Fernando hacer un censo de judíos madrileños, “para cobrar dellos un castellano (480 maravedíes) de cada judío casado o biudo o biuda” para sufragar la guerra de Granada.

Hay constancia en varios documentos de algunos de los oficios que desempeñaban los judíos madrileños, por ejemplo, Abraén Cidre, carnicero que tenía una tabla de carne de vaca, Hayn Lerma, Mair de Curiel y Jucaf Barbaza, traperos y especieros, que obtuvieron licencia para vender fuera de los apartamientos, “que puedan tenerse sus tiendas e trato solamente de día en los lugares e tiendas do bien visto fuere al corregidor, tanto que de noche se vayan a los cercos y aparatamientos que tienen, a estar de noche con sus mugeres e hijos.”

También hay noticias de Mosé Cohen, arrendador y recaudador mayor de alcabalas y tercias de la villa y tierras, o Jacó Lerma, arrendador de la renta del trigo. Hay testimonios de otros muchos, Carrión, Rabí Losar, Rabí Jacó, Rabí Océ, Rabí Mo, Don Huda o el maestre Zulema.

El 31 de Marzo de 1492, se promulga el edicto de expulsión dándose cuatro meses para que, de no convertirse al cristianismo, abandonasen los reinos españoles. Esto obliga a que los judíos tengan que malvender su propiedades, como es el caso del judío madrileño Rabí Losar que: “ quél tiene una casa a la puerta de Guadalajara por cient maravedís de censo y él la quiere vender y le dan por ella quinientos reales. Que ge lo notificava e notifico (se refiere al Concejo) para que si lo quisieren por el tanto, que lo tomen antes que otro alguno; dixeron que la Villa no la quería, porque no tiene para comparalo”.

Un aspecto que por anecdótico no deja de ser dramático, es que con la expulsión, la villa se queda sin médicos, lo que supone una auténtica catástrofe, asunto que se soluciona dos años más tarde con la vuelta de éstos a Madrid, eso sí, ya convertidos al cristianismo.

Sobre la acción de la Inquisición en Madrid, se han borrado escrupulosamente casi todos los vestigios a pesar de haber sido la sede de la Suprema del Tribunal del Santo Oficio. El más interesante y a la vez terrible es el cuadro de Rizi de Guevara titulado “Auto de fe en la Plaza Mayor”, que recoge el auto de fe celebrado en junio de 1683 y que se exhibe en la Planta Principal del Museo del Prado.

Se sabe que las cárceles inquisitoriales estaban en la calle Isabel II y el Quemadero en la Plaza de Ruiz Jiménez, donde hace años se encontraba el Hospital de la Princesa (no confundir con el actual). Pero en Madrid los restos judíos se encuentran en lugares que no son visitables para el gran público, como el Archivo Histórico Nacional, la Academia de la Historia, el Palacio Real o la Biblioteca de la Universidad Complutense.

En el Palacio de Liria se puede apreciar la llamada “Biblia de Alba” que realizó en castellano el rabino Mosé Arragel de Guadalajara por encargo del Maestre de Calatrava, Don Luis de Guzmán. Pero también en el referido Museo del Prado, es interesante la tabla de Pedro de Berruguete titulada, “Auto de fe presidido por Santo Domingo de Guzmán” que se encuentra en la sala 57 de la planta baja.

En la planta sótano, en la llamada colección del Delfín, se conserva un camafeo medieval con leyenda hebrea. Igualmente, en el Museo Lázaro Galdiano se exhibe un disco de plomo con incripción hebrea, aunque procedente de Italia.

En fin, con todo lo expuesto, podemos decir castizamente y sin miedo a equivocarnos:

¿JUDÍOS EN MADRID?… ¡”POS CLARO QUE SÍ”!”.