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‎9 Kislev 5780 | ‎07/12/2019

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La paz y la espada

La paz y la espada

LA PALABRA – Cada día oímos más la frase “el Islam es una religión de paz”. Lo sorprendente es hacerlo de boca de políticos ateos, como el presidente francés Hollande. Es uno de los temas más recurrentes para evitar una temida y anunciada islamofobia, es decir, el miedo irracional a esta fe y a sus seguidores. En un editorial anterior critiqué esta denominación por considerar que el temor de las sociedades occidentales hoy no responde a impulsos fuera de la lógica, sino a una amenaza constatable día a día en las noticias. Tampoco voy a repetir cómo ese mantra que pretende convertirse en verdad por repetición, en realidad esconde un incremento medible de la judeofobia y justamente por ese mismo colectivo de musulmanes instalados en Occidente.
El número de febrero de “Dabiq”, la revista electrónica de Daesh (Estado Islámico) -ilustrada con fotografías de alta definición de sus barbaries-, tenía como artículo editorial y título “El Islam es la religión de la espada, no del pacifismo”. Y así parece si observamos la bandera del país custodio de los Santos Lugares de esta religión (Arabia Saudita) en la que, sobre el fondo verde y sustentando una inscripción coránica, vemos una espada, no una rama de olivo o cualquier otro signo relativo a la paz. Y es que seguramente la palabra paz (que en árabe se dice “salam” y cuya raíz forma parte del propio nombre del “islam”) significa cosas muy diferentes para culturas o idiomas distintos. Sin ir más lejos, la “paz” de los antiguos romanos (“Pax Romana”) no significaba tolerancia y falta de violencia, sino sometimiento y miedo al imperio. De forma análoga, durante las conquistas árabes del siglo siguiente al nacimiento de esta religión, paz significaba acallar toda rebelión contra la “verdad” establecida. No se admiten disidencias, herejías, ni discusiones.
En este sentido habría que entender también la dificultad de entablar conversaciones de paz con países musulmanes, no sólo el caso de Israel y los palestinos, sino también de India y Pakistán o de Armenia y Azerbaiyán. En todos estas situaciones, hubo acercamientos a lo que en Occidente entendemos por paz (básicamente, el cese total de enfrentamientos armados) mientras en las zonas de mayoría musulmana hubo gobiernos laicos, y lo contrario en cuanto el islamismo asoma sus narices (más radicales, como las de Hamás o Daesh, o más aparentemente moderadas, como las de Turquía y Catar). En estos últimos casos, la “paz” ha sido sólo una tregua (“hudna”, en árabe) para el rearme de la “yihad”: la guerra evangelizadora que llevará la “verdad” del Islam a todos los confines de la Tierra, como mandamiento divino.
Ojalá (de la expresión árabe “insha’Allah”: así lo quiera Alá) que la paz que nos merecemos todos acabe imponiéndose a la locura de la espada.
Jorge Rozemblum
Director de Radio Sefarad