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‎20 Elul 5779 | ‎20/09/2019

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Sefarad: exilio y clandestinidad (8ª parte): Hamburgo

Sefarad: exilio y clandestinidad (8ª parte): Hamburgo

MILÍM: LA HISTORIA DE LAS DIÁSPORAS, CON ALICIA BENMERGUI – Cuando se recorre esta historia, puede observarse que algunos tópicos se repiten con otros temas de estos judíos portugueses, su cosmopolitismo, en general su riqueza, la conciencia de sí mismos como una especie de hidalgos sin títulos de nobleza, su cultura y los lazos familiares que mantuvieron con sus comunidades desperdigadas por otras regiones del mundo. Es una historia que para nosotros es como mínimo apasionante y sorprendente, por el fuerte vínculo que mantuvieron con el judaísmo pese al gran distanciamiento que tuvieron que mantener bajo la amenaza de la Inquisición, siempre presente.
Hamburgo es una ciudad alemana que se halla en la orilla derecha del río Elba, entre Sleswick-Holstein y Hanover. Los primeros residentes judíos fueron marranos portugueses que habían huido de los reinos del rey Felipe de Austria ocultando su religión cuando recién se establecieron en su nuevo lugar de residencia, Hamburgo. En 1603 los concejales (Bürgerschaft) se habían quejado al senado por la afluencia cada vez mayor de judíos portugueses. El senado pidió entonces a las autoridades teológicas de Jena y Frankfort-en-Oder sus opiniones sobre la materia. En 1612, después de muchas negociaciones, fue convenido que, en consideración al pago hecho por su protección, los judíos serían tolerados en la ciudad como extranjeros, pero no se permitiría que continuaran con la práctica pública de su religión. De acuerdo a una lista de aquel tiempo, había 125 adultos, junto a sirvientes y niños. Desde 1611 tenían un cementerio en Altona, que fue usado hasta 1871. En 1617 obtuvieron el derecho a elegir cuatro jueces entre su propia gente, número que más tarde fue aumentado a quince (en la imagen, sinagoga de Altona).
Los sefardíes del siglo XVII
“Nación portuguesa”, “Gente de la Nación” u “Hombres de la Nación”: era así como los mercaderes judeo portugueses, huidos de la Inquisición y la persecución racista, se denominaban a sí mismos. Estos comerciantes que se establecieron en las costas atlánticas y mediterráneas en los siglos XVI y XVII trajeron consigo su lengua, literatura y las tradiciones portuguesas, pero también un orgullo de hidalguía y los sabores gastronómicos del Portugal. Los ciudadanos de Hamburgo se asombraron cuando vieron salir de sus lujosas casas a hombres y mujeres suntuosamente vestidos, a quienes sus criados africanos les abrían las puertas de sus carruajes. Los portugueses, con éxito en el comercio de objetos y dinero, conducían sus negocios a través de asociaciones familiares internacionales. Dominaban el comercio del azúcar, de las especias y de la plata, cooperaron en la fundación del banco de Hamburgo y eran agentes en la Bolsa. La mayor parte de estas familias era cosmopolita y tenía parientes instalados en todos los grandes centros urbanos, hablando la misma lengua y constituyendo una gran red familiar.
Por eso, ir de Amsterdam para Hamburgo, o de Hamburgo a Livorno era algo que esas personas hacían sin experimentar un gran extrañamiento. La “Nação” de los portugueses desterrados significaba una comunidad con un fuerte sentido de identidad. Numerosos judíos portugueses y criptojudíos abandonaron Portugal cuando se creó el Tribunal Inquisitorial en al año 1536. Sin embargo puede decirse que 1580 fue el año del verdadero comienzo de la gran emigración para el norte de Europa. De los cinco mil portugueses que abandonaron Portugal durante el siglo XVII, se instalaron en Hamburgo cerca de mil doscientos. Muchos de ellos ya se habían instalado antes en Brasil, en el norte de África, en Italia (Venecia y Ferrara) y en los Balcanes (Salónica y Esmirna). Los judíos españoles que habían abandonado España con motivo de la expulsión se unieron a estos judíos portugueses.
La próspera comunidad judía de Hamburgo se convirtió en un puesto avanzado del sistema comercial de la “Naçao” portuguesa. Su importancia residía en el comercio floreciente con Portugal, España y las Indias Españolas, Curaçao, Surinam y el Caribe. Las relaciones comerciales se extendían también a Venecia, Burdeos, Bayona, además de los puertos del Báltico como Danzig y al interior de Alemania. El apogeo de este sistema comercial se produjo entre 1660 e 1780. A medida que se fue extinguiendo la persecución activa y acabando la emigración de Portugal, las comunidades judeo portuguesas se fueron integrando e instalando en los países de emigración.
Estos judíos portugueses estaban principalmente relacionados con la venta al por mayor, lo que generó un gran crecimiento comercial de la ciudad. Fueron los primeros en iniciar el comercio con España y Portugal, importando de las colonias azúcar, tabaco, especias, fibras, etc. También tuvieron un lugar prominente en la fundación del Banco de Hamburgo en 1619. El más conocido de todos fue Rodrigo de Castro, quien vivió en Hamburgo desde 1594 hasta su muerte. En reconocimiento por sus valiosos servicios profesionales, el senado le garantizó el privilegio de poseer su propiedad en la ciudad. Estas comunidades no sólo se dedicaban al comercio, había también muchos médicos, poetas, importantes literatos, filólogos, rabinos y sabios. Otros notables fueron: Boccario Rosales, un importante astrónomo a quien el emperador le confirió honores cortesanos; Joseph Frances, poeta; Moses Gideon Abudiente, gramático; y Benjamín Musaafia, médico y filósofo.
Los judíos portugueses poseían un pequeño lugar de culto, un “Talmud Torá” en la casa de Elijah Aboab Cardoso. El emperador Ferdinando II envió amargas quejas al senado acerca de esta “sinagoga”. Los católicos no estaban autorizados a construir una iglesia en Hamburgo por aquella época. Pero a pesar de estas protestas y de los ataques violentos del clero protestante, el senado continuó protegiendo a los judíos. El primer “jajam” (rabino) fue Isaac Athias de Venecia, cuyo sucesor fue Abraham Hayyim de Fonseca (d. Iyyar, 5411 = 1651), también jajam de otra sinagoga, Keter Torá. En 1652 los portugueses se constituyeron como una congregación con una gran sinagoga, Bet Israel, y eligieron como Gran Rabino (“Jajam Do Naçao”) al estudioso David Cohen de Lara (1674). Entre los más antiguos miembros de la congregación estaba Benedicto de Castro, un hijo de Rodrigo, como su padre un buen y afamado médico. En 1663 la congregación sefardí era la única comunidad judía de Hamburgo y estaba compuesta por 120 familias. Entre ellas había varias muy distinguidas por sus riquezas y su influencias políticas: Daniel Abensur (1711), que fue embajador del rey de Polonia en Hamburgo; Jacobo Curiel (1664) y Nuñez da Costa que desempeñaba la misma actividad para el rey de Portugal; o Diego (Abraham) Texeira (1666) y su hijo Manuel (Isaac) Texeira, que administraban la fortuna de la reina Cristina de Suecia y su embajador en Hamburgo. Jacob Sasportas desde 1666 a 1672 se hallaba en el Bet Hamidrash fundado por Manuel Texeira, y a menudo fue llamado como jajam a decidir sobre cuestiones religiosas.
Los sefardíes de Hamburgo tuvieron una gran participación en los movimientos provocados por el falso mesías Shabetai Zevi. Ellos prepararon grandes celebraciones en su honor en la sinagoga principal, los jóvenes usaban distintivos y fajas de seda verde, la insignia de Shabetai Zevi. Sasportas trató en vano de moderar el entusiasmo que suscitaba el falso mesías, cuyo desenmascaramiento provocó una amarga desilusión años después en sus muy numerosos seguidores. Otros rabinos de la congregación fueron Jacob ben Abraham Fidanque, Moses Hayyim Jesurun (1691), Samuel Abaz (1692) y Abraham Ha-Kohen Pimentel (1697).
En 1697 las prácticas de libertad religiosa que la congregación había obtenido fueron perturbadas por edictos hostiles del gobernador, y los judíos fueron extorsionados con tasas extremadamente altas. Por esta razón muchos de los ricos e importantes judíos portugueses de Hamburgo abandonaron la ciudad y fundaron una congregación de judíos portugueses en Altona. Problemas internos y especialmente la renuncia de Jacob Abensur (embajador del rey de Polonia) y sus seguidores fueron la causa de la declinación de la congregación sefardí en Hamburgo. De todos modos, esta comunidad tuvo descendientes en esta ciudad y luego en la sociedad alemana, lo que es visible en sus apellidos. El drama mayor, como para el resto de los judíos, fue el nazismo y el genocidio que perpetró, y que alcanzó a los judíos sefardíes exactamente igual que a sus hermanos ashkenazíes, como a todos los judíos que tuvieron la desgracia de caer bajo sus garras asesinas.